abril 23, 2022

H. Floresiensis puede seguir entre nosotros y habita en un pueblo de Indonesia, sugiere un antropólogo



¿Hay algún H. floresiensis que siga viviendo en una isla indonesia donde sus fósiles sirvieron para identificar una nueva especie humana hace menos de 20 años?


Homo floresiensis, a menudo conocido como hombre de Flores o el hobbit, es una especie extinta del género Homo. Destaca por su reducido tamaño corporal, con un peso de sólo 25 kg y un cerebro de menos de 400 c.c..

Fue descubierto en 2004 en la isla indonesia de Flores y en un inicio se creía que pudo haber convivido con los H. Sapiens hasta hace 12 000 años. Sin embargo, un estudio reciente publicado en marzo de 2016 en la revista Nature, basado en las excavaciones, sugiere que H. floresiensis se extinguió hace aproximadamente 50 000 años, lo que se corresponde con el desarrollo de H. sapiens en la zona.

20 años antes Gregory Forth, ex profesor de antropología en la Universidad de Alberta, realizaba trabajo de campo etnográfico sobre Flores. Ahí escuchó historias de criaturas parecidas a los humanos, algunas todavía supuestamente vivas aunque muy raramente vistas.

Como se suponía que la especie fósil recién identificada estaba extinguida, procedió a buscar explicaciones para las sorprendentes similitudes.  El resultado es un libro, Between Ape and Human, disponible en mayo de 2022.

A diferencia de las obras anteriores sobre la evolución de los homínidos, este libro se centra en la comunidad local llamada Lio. No solo eso, sino también en lo que dicen sobre un animal que se parece a los humanos. El objetivo es dar la mejor explicación, la más razonable y la más fundamentada, a los relatos de las criaturas del pueblo Lio. El libro contiene testimonios de más de 30 personas, con los que se reunió de primera mano.

La hipótesis que da origen a este texto es la siguiente: un homínido no sapiens ha persistido en Flores hasta ahora. “Los relatos sobre entidades naturales, en particular los humanos, que se transforman permanentemente en animales de diferentes tipos también se encuentran en la zoología y la cosmovisión populares de los Lio” precisó en entrevista para The Scientist.

Tales transformaciones hipotéticas, como se demuestra en esta investigación, se basan en observaciones locales a partir de las similitudes y contrastes entre una supuesta especie madre y su progenie diferenciada.

“Los lio separan a las personas de los animales no humanos de la misma manera que lo hacen los occidentales modernos, concretamente atribuyendo muestras sofisticadas de cultura, lenguaje y tecnología a los humanos y no sólo por motivos morfológicos”, asegura el autor.

Los humanos ocupan el primer lugar para los Lios, fundamentalmente por ser el origen de las criaturas no humanas, o sea, una suerte de darwinismo inverso. En cambio, los humanos ocupan el último lugar en la teoría de la evolución.

Para los Lio, el hecho de que un hombre tenga apariencia de simio y sea en cierto modo un ser humano hace que la criatura sea anormal y, por tanto, problemática y temible. Este tipo de hombres son considerados bestias por los Lio.

El antropólogo jubilado adelanta que “representan una de las numerosas criaturas que los Lio consideran derivadas de los humanos. Sin embargo, esta categorización no tiene nada que ver con los datos paleoantropológicos o la cronología geológica.

En cambio, los Lio, quienes distinguen a los seres naturales de los sobrenaturales del mismo modo que las religiones occidentales, entienden a éstos como animales no humanos basándose en características observables y que los distinguen de los espíritus invisibles, de otros animales y, por supuesto, de las personas.

“Algunas características de estos hombres monomorfos podrían apuntar a la existencia de una especie o población de simios que todavía no se ha descubierto científicamente. Sin embargo, las declaraciones hechas por Lio, al igual que todo lo que sabemos sobre la biogeografía de Indonesia, se oponen en gran medida a esta hipótesis, cualquier prueba paleoantropológica o datación lógica”.

La primera reacción es descartar que los hombres-simio de Flores sean ficticios. Pero, si uno cree lo que dicen los de Lio, no hay razón para creerlo.

La información que proporcionan sobre los animales, junto con otro tipo de evidencias, es perfectamente compatible con una especie homínida viva o recientemente extinguida.

Si bien hasta donde comenta el autor no se muestran evidencias empíricas de que el H. floresiensis siga con vida, es una muestra de cómo los datos etnográficos pueden contribuir a esclarecer lagunas de información en las intervenciones paleoantropológicas.

“Esta información local debería incluirse en la investigación actual de la evolución de los homínidos en Indonesia y en el extranjero por parte de los paleontólogos y otros científicos de la vida” concluye.

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Tomado de http://Notaantrpologica.com/