El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron la operación conjunta Epic Fury contra territorio iraní, una ofensiva que incluyó el abatimiento del líder supremo Ali Jamenei, según confirmaron tanto medios iraníes como el propio Donald Trump en su red Truth Social.
La respuesta de Irán no se hizo esperar: misiles y drones impactaron bases militares y zonas urbanas de Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Uno de esos ataques alcanzó la Embajada de Estados Unidos en Riad, la capital saudí. El conflicto escala y no tiene, a la fecha, un horizonte claro de resolución.
El deporte recibió el primer golpe apenas horas después. La Confederación Asiática de Futbol (AFC) pospuso todos los partidos de Asia Occidental, incluidas las series de octavos de final de la AFC Champions League Elite y otros torneos de clubes en la región, “hasta nuevo aviso”, según informó la propia confederación y reportó The Athletic, de The New York Times.
Te podría interesar
En paralelo, la Federación de Futbol de Qatar anunció que “todas las competiciones y partidos quedan aplazados hasta nueva orden”, lo que suspendió la Qatar Stars League y las copas locales y suspendió la Finalissima entre España y Argentina –partido oficial organizado por CONMEBOL y UEFA– que enfrenta al campeón de la Copa América contra el campeón de la Eurocopa, prevista para el 27 de marzo en el Estadio Lusail.
El duelo de astros Lionel Messi versus Lamine Yamal, como señaló Reuters, quedó congelado sin fecha de reprogramación.
¿Y la Saudi Pro League? La liga donde juegan estrellas como Cristiano Ronaldo, Neymar, Karim Benzema, Sadio Mané y el goleador nacido en Colombia, pero naturalizado mexicano, Julián Quiñones, comunicó a sus clubes que los partidos continúan, aunque muchos de ellos están enviando a sus familias a los países de origen, según fuentes consultadas por The Athletic revelan una realidad distinta.
Caso Ronaldo y la crisis creciente
Esta Columna 34 de Fan Pro en La Silla Rota se cierra el jueves 5 de marzo de 2026, cuando el mundo del futbol sigue atento a lo que sucede con los jugadores de la liga saudí tras el estallido bélico entre Estados Unidos e Irán, el pasado 28 de febrero.
Medios como The Sun y Daily Mail publicaron que el avión privado de Cristiano Ronaldo —un Bombardier Global Express 6500— despegó de Riad hacia Madrid la noche del 2 de marzo. El planeta entero dio por hecho que el astro portugués abandonaba Arabia Saudita.
Horas después, Fabrizio Romano, la fuente de referencia en el periodismo de fichajes, desmintió la versión.
“Los reportes de medios internacionales sobre Cristiano Ronaldo dejando Arabia Saudita con su familia son incorrectos. Es desinformación. Cristiano está actualmente recibiendo tratamiento en las instalaciones de Al-Nassr por problemas derivados del último partido”, publicó en X.
El club respaldó la versión con una fotografía del jugador en la sesión de entrenamiento.
El avión voló; Ronaldo, aparentemente, no iba a bordo. Pero el dato periodístico relevante no reside en confirmar o negar si el portugués se fue. Reside en que la situación bélica es tan grave que el mundo lo creyó posible, y en qué otros jugadores y sus familias sí están saliendo de la región. El rumor es el síntoma; la crisis es la enfermedad.
Irán en Guerra con el Coanfitrión
A la fecha de cierre de esta columna, faltan exactamente 98 días para el inicio de la Copa del Mundo de la FIFA 2026, programada para el 11 de junio. Y uno de los 48 equipos clasificados, Irán, está en guerra con uno de los tres países coanfitriones: Estados Unidos.
“Lo que es seguro es que después de este ataque, no se nos puede pedir que miremos al Mundial con esperanza”, declaró a ESPN Mehdi Taj, presidente de la Federación de Futbol de Irán.
El problema se agrava cuando se revisa el calendario: los tres partidos de Irán en fase de grupos están programados en suelo estadounidense, dos en Los Ángeles y uno en Seattle.
FIFA mantiene, a través de un comunicado, que espera la participación iraní, pero la situación no tiene precedente directo.
De hecho, ya desde diciembre de 2025, la delegación iraní fue rechazada para el sorteo del Mundial por problemas de visado, como documentó Sporting News.
El antecedente más cercano es el de Rusia en 2022. Tras la invasión a Ucrania, FIFA y UEFA suspendieron a todas las selecciones y clubes rusos «hasta nuevo aviso», según la declaración conjunta publicada el 28 de febrero de ese año por Al Jazeera.
Polonia, Suecia y República Checa se habían negado a enfrentar a Rusia en los playoffs clasificatorios, como reportó PBS. La diferencia con el caso iraní es que entonces Rusia era el agresor; ahora Irán es el país atacado. Las implicaciones diplomáticas son distintas, pero la disrupción deportiva es igual de profunda.
Cuando la guerra cancela el deporte
El deporte no es una isla. Cada vez que el mundo arde, la cancha se quema también. Un recuento con rigor histórico lo demuestra.
Los Mundiales de 1942 y 1946 nunca se jugaron. La Segunda Guerra Mundial los canceló y dejó a FIFA al borde de la bancarrota, según documenta Goal of the Match. El regreso fue en Brasil 1950, pero con ausencias: Alemania y Japón fueron excluidos por razones políticas, y la India se retiró, entre otros motivos, porque FIFA les prohibió jugar descalzos.
Colombia fue designada sede del Mundial de 1986 tras una votación en 1974. Tuvo 12 años para prepararse, pero el 5 de noviembre de 1982, el presidente Belisario Betancur anunció la renuncia.
“Aquí tenemos muchas otras cosas que hacer y no hay ni siquiera tiempo para atender las extravagancias de FIFA y sus socios”, dijo el mandatario.
Las exigencias de infraestructura —12 estadios con capacidad mínima de 40 mil personas, una red ferroviaria entre sedes, aeropuertos con capacidad para jets— resultaron inviables para un país en crisis económica y en medio de un conflicto armado interno.
México heredó la sede y organizó su segundo Mundial. Es el único caso en la historia en que un país renuncia a la organización.
En Argentina 1978, la dictadura de Jorge Rafael Videla utilizó el Mundial como herramienta de propaganda. El Comité Organizador del Boicot a la Copa del Mundo en Argentina (COBA), con apoyo de Amnistía Internacional, levantó la consigna.
“No al futbol entre campos de concentración”, fue la leyenda compartida. Jugadores como Johan Cruyff y Paul Breitner se negaron a participar, según documentó Perfil en una entrevista con el futbolista holandés Oeki Hoekema, impulsor del boicot. Ningún equipo se retiró, pero la campaña dejó una marca en la memoria del deporte.
En los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, el terrorismo palestino de Septiembre Negro secuestró y asesinó a 11 atletas israelíes. La masacre, documentada por NPR y DW, transformó para siempre los protocolos de seguridad en eventos deportivos.
El presidente del COI, Avery Brundage, decidió continuar los Juegos con la frase “The Games must go on”, una de las resoluciones más criticadas en la historia olímpica, como recoge Britannica.
Después vinieron tres boicots consecutivos: Montreal 1976, cuando 32 países africanos protestaron contra Nueva Zelanda por sus vínculos deportivos con la Sudáfrica del apartheid; Moscú 1980, cuando 66 naciones —encabezadas por Estados Unidos— boicotearon los Juegos por la invasión soviética de Afganistán; y Los Angeles 1984, cuando la URSS y 15 países del bloque comunista devolvieron el golpe.
En 1969, la llamada “Guerra del Futbol” entre Honduras y El Salvador estalló tras los clasificatorios al Mundial de México 1970. El conflicto duró cuatro días, dejó más de 3 mil muertos y 100 mil desplazados, según reportó la BBC.
Y en 1994, el defensa colombiano Andrés Escobar fue asesinado diez días después de anotar un autogol contra Estados Unidos que eliminó a Colombia. Su asesino era guardaespaldas de narcotraficantes que apostaron por la selección, como documentó The Ringer.
El paralelo con la amenaza del narcoterror en las sedes mexicanas del Mundial 2026 es directo.
Como se analizó en la Columna 33 de Fan Pro, el narcoterror ya estaba erosionando la confianza internacional en las sedes mexicanas antes de que la guerra en Medio Oriente añadiera una nueva capa de incertidumbre, tras el abatimiento del narcotraficante ‘El Mencho’.
Apenas en septiembre de 2025, la Vuelta a España sufrió la irrupción de manifestantes propalestinos que protestaron contra el equipo Israel-Premier Tech, lo que obligó a cancelar la etapa final en Madrid y provocó una crisis diplomática entre la UCI y el gobierno español, según reportó la Cadena SER.
Lo que dicen la mente y la ciencia
El impacto de los conflictos bélicos en los deportistas tiene sustento académico. Un estudio publicado en 2024 por el Journal of Physical Education and Sport (JPES), titulado «Post-traumatic stress disorder among elite athletes affected by war», analizó a 163 atletas ucranianos en pleno conflicto con Rusia.
Los resultados mostraron que, si bien los deportistas poseen mayor resistencia al estrés traumático que la población general —gracias a mecanismos compensatorios desarrollados por la competencia—, las condiciones de guerra alteran sus estados mentales, reducen su rendimiento y generan “conductas de escape, agresión o incluso tendencia suicida”.
Desde la perspectiva del fan, la psicología cognitiva ofrece el modelo de Richard Lazarus (1966), referido por Psicología Científica, que establece que una situación puede mutar de cotidiana a hostil “con solo modificarse ligeramente alguna variable del contexto”.
La guerra en Medio Oriente y el narcoterror en México son exactamente eso: variables contextuales que transforman la experiencia del espectador.
Hay que resolver
FIFA debe acelerar la definición del estatus de Irán en el Mundial 2026. La ambigüedad daña a todas las partes: al equipo iraní, a sus rivales de grupo y a las ciudades sede de esos partidos.
El precedente de Rusia 2022, cuando la decisión se tomó en 48 horas tras la invasión a Ucrania, demuestra que el organismo tiene la capacidad de actuar con rapidez.
Las sedes mexicanas requieren protocolos de seguridad reforzados con supervisión internacional. El modelo de Francia para la Eurocopa 2016 —donde el gobierno desplegó 90 mil efectivos tras los atentados de París de 2015— ofrece un marco de referencia, sin que ello signifique militarizar el evento.
Las ligas en zonas de conflicto, como la Saudi Pro League, deben establecer cláusulas de evacuación y seguridad para jugadores extranjeros y sus familias. El silencio institucional, mientras las familias huyen, daña la credibilidad de cualquier proyecto deportivo.
Y los fans merecen transparencia. No comunicados vacíos. No la simulación de que “todo sigue normal” mientras el mundo se fractura. El deporte, como bálsamo social, funciona cuando dice la verdad; cuando miente, pierde su único poder real. #Ajá
Tomado de https://lasillarota.com/



Más historias
Guerra 2026: el deporte, acorralado por el belicismo y el terror
Chivas en Leagues Cup 2026: Rivales y calendario de partidos
Cocca señala ‘ventaja deportiva’ para Chivas en el Clásico Tapatío