EU: pobreza agraviante

EU: pobreza agraviante

En sólo un año, el número de niños que viven en la pobreza en Estados Unidos se duplicó, al pasar de cuatro millones a nueve millones, el mayor incremento en este vergonzoso indicador en la historia del país. La tasa de pobreza general también aumentó de manera dramática, de 7.8 a 12.4 por ciento de la población. Académicos y analistas atribuyen esta catástrofe social a decisiones políticas puntuales, como la negativa de los legisladores republicanos a renovar programas que funcionaron para reducir la carestía durante la pandemia de covid-19 Aunque sin duda el sabotaje conservador

a las medidas impulsadas por el presidente Joe Biden ha jugado un papel central en la debacle, debe recordarse que el problema es mucho más antiguo y se encuentra unido al modelo económico imperante en la superpotencia. Hace cinco años, el relator especial sobre pobreza extrema de la ONU, Philip Alston, presentó un informe en el que se consignaba la existencia de 40 millones de pobres (de los cuales 18.5 millones padecían pobreza extrema) en el país más rico del mundo, así

como el hecho de que el ingreso promedio de las personas más pobres permaneció estancado

durante cuatro décadas, al mismo tiempo que las fortunas atesoradas por el 1 por ciento más pudiente de la población se dispararon a niveles inéditos.

El reporte de Naciones Unidas ilustraba que esta desigualdad había creado en Estados Unidos lacras inexistentes en el resto de las economías avanzadas, y en muchos aspectos la vida de los estadounidenses de los estratos más bajos era peor a la de los habitantes de países en vías de desarrollo.

No es casualidad que la ruina de las clases medias y el empobrecimiento degenerativo de las mayorías estadunidenses se haya iniciado en la década de 1980, pues fue entonces cuando el mandatario republicano Ronald Reagan desmanteló el imperfecto Estado de bienestar e impuso una serie de medidas de choque orientadas a drenar la riqueza de abajo hacia arriba, un programa que entonces fue bautizado como reaganomics, que hoy denominamos neoliberalismo.

Uno de los elementos centrales de esa embestida contra las clases populares fue la drástica reducción de las tasas fiscales cobradas a los ricos, una medida justificada bajo el postulado de que, al cobrar menos impuestos a los capitalistas, éstos tendrían mayores recursos disponibles para invertir en la creación de empresas productivas y la generación de empleos, llevando a un círculo virtuoso de bienestar. Aunque dicho dogma ha sido desmentido con los datos más sólidos, las derechas (y no pocas presuntas izquierdas) lo mantienen como bandera ideológica y electoral.

Sólo en 2021, Washington gastó 1.8 mil millones de dólares en sostener este subsidio encubierto a los millonarios.

Si a esta ideología antisocial se suma el obcecamiento de la Casa Blanca en sostener su poderío geopolítico a expensas de sus propios ciudadanos, el único saldo posible es el desastre a que han sido condenados millones de estadounidenses. En efecto, una porción significativa de las penurias vividas por los niños y adultos en pobreza se deben a decisiones como la de emprender una guerra comercial y un bloqueo económico contra China o la de financiar hasta la locura al régimen ucranio

y prolongar el conflicto en Europa del Este, medidas que han incrementado los costos de la energía y de todo género de mercancías, a la vez que privan a los habitantes de fondos inestimables para el desarrollo.

Por ejemplo, es inevitable preguntarse cuántos estadounidenses habrían accedido a una vida digna si Biden hubiera aplicado de manera sensata los alrededor de 120 mil millones de dólares (más de 2 billones de pesos) transferidos al gobierno de Volodymir Zelensky. Cuando la nación que alberga a las mayores fortunas del mundo y concentra riquezas inimaginables en el resto del orbe condena a sus niños a sufrir la carencia de los bienes más elementales, queda claro que es imperativo revisar tanto el modelo económico como las prioridades gubernamentales, pues la pobreza siempre es lacerante, pero resulta de una atroz inhumanidad en un contexto en que existen todas las condiciones para solucionarla.

TOMADO DE LAJORNADA EDITORIAL