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Estados Unidos ejecutó un bombardeo en Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro en una operación sin precedentes. La acción, justificada bajo una nueva doctrina de «dominancia», genera condenas mundiales
Texto: Alejandro Ruiz
Foto: Especial
CIUDAD DE MÉXICO. – La escena es impactante, pero potente. Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, camina esposado, cojeando, a un lado de su esposa, Cilia Flores, y rodeado por oficiales de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA).
En un gesto impredecible, el obrero convertido a presidente lanza una pregunta a su esposa: «¿Goodnight es que se dice Cilia?». Cilia le dice que sí. Maduro, voltea ante los agentes y les dice: «Goodnight, happy new year».
La imagen, presentada en un video difundido por la propia DEA, pasó de ser un trofeo mediático de los Estados Unidos, a el resumen de una jornada entera que inició en la madrugada del sábado 3 de enero, cuando Donald Trump quebrantó los fundamentos del orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial, pues en un acto sin precedentes en el siglo XXI, el gobierno de los Estados Unidos ejecutó una operación militar de captura extraterritorial, secuestrando en suelo venezolano al presidente constitucional Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.
El evento, más que una incursión militar, se erigió como la aplicación práctica de una nueva y audaz doctrina de seguridad hemisférica proclamada por Washington, donde la «dominancia» sustituye a la diplomacia y la fuerza bruta redefine el concepto de soberanía.
La imagen del mandatario venezolano, sonriente y aparentemente sereno bajo custodia en una base militar de Nueva York, se convertiría de inmediato en el símbolo polisémico de esta crisis global, encapsulando tanto el triunfo imperial como la resistencia inesperada.
Bombas sobre Caracas
En la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, el gobierno de los Estados Unidos ejecutó una operación militar contra territorio venezolano. El ataque, realizado con misiles y drones, impactó instalaciones de carácter militar y civil en Caracas y en los estados Miranda, Aragua y La Guaira, afectando zonas residenciales y militares. Según un reporte del New York Times difundido horas después de los ataques, los bombardeos provocaron al menos 40 fallecido, múltiples heridos y daños materiales significativos en viviendas.
Inmediatamente después de la agresión, el gobierno venezolano emitió un comunicado oficial que estableció su narrativa y postura inicial. A través de un mensaje dirigido a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y al pueblo, el Ejecutivo denunció:
«¡Pueblo heroico de Venezuela! ¡Soldados de la Patria!… La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, informa al mundo entero, que en la madrugada de hoy 03 de enero de 2026 el pueblo venezolano ha sido objeto de la más criminal agresión militar por parte del gobierno de los Estados Unidos. El honor, el deber y la historia nos llaman. ¡Que el grito de la Patria libre retumbe en cada rincón! ¡La victoria es nuestra, porque la razón y la dignidad nos acompañan! ¡Venceremos!». Este llamado a la resistencia fue el primer acto formal de respuesta ante la crisis.
Después, otro misil auguró un destino fatal, cuando la vicepresidenta Delcy Rodríguez informó en cadena nacional que se desconocía el paradero del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores. Dirigiéndose al gobierno de los Estados Unidos, Rodríguez exigió de manera formal y urgente una «fe de vida» de ambos. Declaró que la incertidumbre sobre su suerte y su integridad física agravaba la situación creada por la agresión militar. Esta exigencia constituyó la primera reacción oficial ante la sospecha de que el presidente había sido capturado, marcando un punto crítico en la crisis.
Las luces de Caracas se apagan
Las horas consecuentes al anunció de la desaparición y secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron de alta tensión. En ese tránsito, funcionarios de alto nivel del gobierno venezolano, entre ellos el ministro de la defensa, Vladimir Padrino, el ministro del interior, Diosdado Cabello y el fiscal general, Tarek William Saab se sumaron a la exigencia de que el gobierno de los Estados Unidos diera fe de vida del presidente y su esposa.
Horas después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, difundió en su red social una fotografía de Nicolás Maduro bajo custodia estadounidense. Posteriormente, en su sede de comunicación en Florida, ofreció una rueda de prensa donde él y miembros de su gabinete detallaron la operación para secuestrar a Maduro, y revelaron su enmarque en una política más amplia.
Trump afirmó:
«Ninguna nación en el mundo podría lograr lo que Estados Unidos logró ayer. Todas las capacidades militares venezolanass fueron dejadas indefensas. Estaba oscuro. Las luces de Caracas fueron apagadas en gran parte debido a cierta experiencia que tenemos», insinuando el uso de tecnologías de guerra electrónica o cibernética previas al asalto.
Más significativo fue su proclamación de que el ataque hacía cumplir una «nueva estrategia de seguridad nacional», destinada a que «la dominancia estadounidense en el Hemisferio Occidental nunca será cuestionada de nuevo». Esta declaración elevaba el evento de una operación puntual a la aplicación pública de una nueva doctrina de seguridad hemisférica que justificaba la acción unilateral y preventiva.
Trump anunció que su secretario de estado, Marco Rubio, y su secretario de defensa, Pete Hegseth, «liderarían» el equipo encargado de dirigir los asuntos venezolanos, delineando una estrategia de larga duración:
«Vamos a quedarnos, vamos a dirigir Venezuela hasta que tenga lugar una transición adecuada. Estamos listos para lanzar un segundo ataque, mucho más grande, si es necesario».
Además, expuso objetivos económicos, señalando:
«Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras entren y gasten miles de millones para arreglar la infraestructura petrolera», justificando la acción al afirmar que «el régimen socialista de Maduro robó los activos petroleros de Estados Unidos». Respecto a lMaduro y Cilia Flores dijo que serían «juzgados en suelo estadounidense». Sobre la oposición interna, desestimó a María Corina Machado, previamente galardonada con el premio Nobel de la paz e impulsora de la intervención estadounidense:
«Creo que sería muy difícil para ella ser líder. No tiene el respeto». Concluyó con una advertencia a la dirigencia venezolana: «lo que le pasó a Maduro puede pasarles a ellos».
«Jamás volveremos a ser colonia de un imperio»
Frente a la confirmación del secuestro del presidente, la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, convocó e instaló el Consejo de Defensa de la Nación, pronunciando un extenso discurso que constituyó la respuesta política y estratégica más completa del Estado venezolano. Con precisión, abrió su alocución:
«Exactamente a la 1:58 minutos de la madrugada, el gobierno de los Estados Unidos lanzó una agresión militar sin precedentes contra la República Bolivariana de Venezuela. En esa operación militar fue secuestrado el presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente, Cilia Flores».
Rodríguez contextualizó la agresión dentro de lo que calificó como un objetivo imperialista de larga data:
«Ya habíamos advertido que estaba en curso una agresión bajo falsas excusas y falsos pretextos. Solamente tenían un objetivo, que era el cambio de régimen en Venezuela, y que ese cambio permitiese además la captura de nuestros recursos energéticos, minerales, naturales».
Recalcó la unidad institucional y la movilización popular ordenada, citando instrucciones del propio Maduro:
«Aquí está el Alto Mando más importante del Estado venezolano. Pero también en las calles de Venezuela hay un pueblo que se ha activado. Él advirtió: si algo le ocurriese al presidente Nicolás Maduro, cuerpo a la calle activado; Fuerza Armada Nacional Bolivariana activada y desplegada en todo el territorio nacional».
Definió el momento como un llamado histórico:
«Todo el poder nacional de Venezuela activado, para ratificar lo que por herencia somos como hijos e hijas de Simón Bolívar; nuestra independencia nacional, nuestra soberanía e integridad territorial, que ha sido salvajemente atacada. Si hay algo que el pueblo venezolano y que este país tiene muy claro es que jamás volveremos a ser esclavos; jamás volveremos a ser colonia de ningún imperio».
Además, calificó jurídicamente los hechos como «una barbarie que violenta todo mecanismo del sistema de derechos humanos internacional, que violenta y configura delitos de lesa humanidad» y advirtió: «Los extremistas que han promovido esta agresión armada contra nuestro país, la historia y la justicia se los hará pagar».
Anunció las acciones institucionales inmediatas: «Este Consejo de Defensa de la Nación se activa, queda ya establecido y a la espera de la Sala Constitucional, en respaldo al Decreto de Conmoción Externa que ha sido fijado y suscrito por el presidente Nicolás Maduro».
Finalmente, estableció los términos para cualquier futuro relacionamiento:
«Aquí hay un gobierno con claridad. Estamos dispuestos a relaciones de respeto, en el marco de la legalidad internacional y de las leyes de la República Bolivariana de Venezuela. Es lo único que aceptaremos para un tipo de relacionamiento luego de haber atentado y de haber agredido militarmente a nuestra amada Nación», y extendió una advertencia regional: «Llamamos a los países, a los pueblos de la Patria Grande, a mantenernos en unión porque lo que hoy hicieron a Venezuela se lo pueden hacer a cualquiera».
Horas más tarde, en cumplimiento del proceso anunciado por Rodríguez, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) emitió un pronunciamiento declarando que, ante la «ausencia forzosa» del presidente, Delcy Rodríguez asumía como Presidenta encargada de la República.
La respuesta defensiva operativa se estructuró sobre instrumentos preexistentes: la Ley del Comando para la Defensa Integral de la Nación (vigente desde noviembre de 2025), que articula al Estado, la FANB y la sociedad civil; y el Plan Independencia 200, un dispositivo que despliega 284 frentes de acción para proteger infraestructura crítica y que se rige por cuatro fases estratégicas: organización del Poder Popular, entrenamiento territorial, lucha no armada contra la guerra económica/psicológica, y la lucha armada como último recurso.
El mundo condena el imperialismo
La acción militar generó un inmediato y profundo cisma diplomático y una oleada de movilización popular global. Un bloque significativo de naciones condenó enérgicamente la operación:
Rusia e Irán lideraron las críticas más fuertes. La Cancillería rusa declaró: «Este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas… Tal agresión amenaza la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe», y solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. Por su parte, Irán afirmó que el ataque era una «violación flagrante de los principios fundamentales de la Carta de la ONU» y un «acto de agresión» que la comunidad internacional debía condenar inmediatamente.
América Latina mostró un rechazo mayoritario. Uruguay reafirmó que la región debe mantenerse como una «Zona de Paz», libre de armas nucleares. México, Brasil, Colombia y Cuba se sumaron a las condenas, defendiendo el respeto a la soberanía y el derecho internacional.
Notablemente, las principales potencias occidentales aliadas de Estados Unidos – como el Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá y la Unión Europea – mantuvieron, en las primeras horas, un silencio oficial o declaraciones de una cautela extrema, evitando una condena explícita a su aliado. Este contraste delineó un mapa geopolítico fracturado, donde la solidaridad regional y de bloques históricamente alineados con Caracas se opuso al mutismo o apoyo tácito del campo occidental liderado por Washington.
Este silencio institucional de las capitales occidentales contrastó con la rápida y visceral movilización ciudadana en sus propias calles.
En la Ciudad de México, alrededor de un centenar de personas se congregaron frente a la nueva Embajada de Estados Unidos para protestar contra la intervención. Bajo la consigna “Fuera yankees” y portando pancartas como “Manos fuera de Venezuela”, los manifestantes exigieron una postura más firme de su gobierno.
#Ahora 🔴 Durante la concentración en solidaridad con #Venezuela, en la emabajada de EEUU en #CDMX, manifestantes se pronuncian: “Defendemos Venezuela porque hacerlo es defender a México”.
R: @MoneroPat pic.twitter.com/j3GfuAi3qZ— Pie de Página (@PdPagina) January 3, 2026
«No podemos seguir teniendo posiciones tibias; no es el momento para eso. Debemos ser más radicales en nuestras acciones», expresó uno de los asistentes, reflejando un sentimiento de urgencia.
Esta escena se replicó, en menor o mayor escala, en otras latitudes: en París y Bruselas, grupos de solidaridad y organizaciones de izquierda realizaron concentraciones frente a embajadas estadounidenses; en La Habana, una marcha oficial de repudio congregó a miles de personas en respaldo al gobierno venezolano; y en las propias calles de Caracas y otras ciudades venezolanas, se registraron concentraciones masivas de apoyo a Maduro y rechazo a la agresión, cumpliendo con el llamado a la movilización ordenado por el alto mando. Estas protestas globales, aunque de diversa magnitud, demostraron que el evento había trascendido la esfera de la alta política para convertirse en un catalizador del activismo y la opinión pública internacional.
🇻🇪 Desde las afueras del Palacio de Miraflores, el pueblo venezolano se manifiesta contra la agresión imperialista cometida por el gobierno de Estados Unidos durante la madrugada de este sábado 3 de enero de 2026.
Exigen fe de vida del presidente Nicolás Maduro y hacen un… pic.twitter.com/sbmtgPfJfu
— Ceiba_Periodismo (@LaCeiba_Lat) January 3, 2026
Ataque ilegal
Dentro de los Estados Unidos el ataque lo criticaron legisladores como el senador Jim McGovern por no contar con la aprobación del Congreso.
Sin embargo, en el ámbito judicial, la fiscal general Pam Bondi acusó a Maduro de «posesión de ametralladoras» bajo la Ley Nacional de Armas de Fuego de 1934. Esta acusación generó un intenso debate jurídico, pues algunos analistas destacaron la peligrosa paradoja que establecía: Estados Unidos, cuyo sistema legal ha ampliado recientemente la inmunidad de sus propios exmandatarios por actos oficiales, aplicaba retroactivamente sus estatutos domésticos a un jefe de estado extranjero por acciones en su propio país, erosionando principios básicos de jurisdicción y soberanía en el derecho internacional.
El mapa internacional de reacciones, dividido entre una condena mayoritaria del Sur Global, el silencio cómplice o cauteloso de Occidente y una ola de protestas ciudadanas transnacionales, señala una profunda fractura en el orden mundial. La advertencia de un «segundo ataque» y la firme contra-narrativa venezolana, donde la sonrisa de un presidente cautivo se convierte en un símbolo de desafío, delinean un escenario de alta tensión cuyas ramificaciones redefinirán el derecho internacional, la seguridad regional y los límites del poder unilateral en el siglo XXI.
Tomado de https://piedepagina.mx/



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