diciembre 2, 2021

En el ombligo del mundo y el conejo en la luna #LaOvejaVerde

Tristemente, en nuestro país la historia, los simbolismos de nuestros pueblos originarios y las ramas de nuestro mestizaje se enredan y confunden en interpretaciones y versiones mal informadas o falaces de lo que nos da identidad y sentido, de nuestro pasado...

// Por: Kaeri Tedla

Mié 24 noviembre, 2021

Tristemente, en nuestro país la historia, los simbolismos de nuestros pueblos originarios y las ramas de nuestro mestizaje se enredan y confunden en interpretaciones y versiones mal informadas o falaces de lo que nos da identidad y sentido, de nuestro pasado y nuestro presente.

Por ejemplo, poco se habla de México como parte del Gran Anáhuac, esa cuenca cultural que se consolidó, en lo que hoy conocemos como Mesoamérica, desde hace más de 5000 años.

En este inmenso territorio que comprende desde Alaska hasta la actual Nicaragua, Olmecas, Mixtecos, Zapotecos, Mayas, Teotihuacanos y Mexicas, entre otros muchos señoríos, afirmaron sus raíces y desarrollaron la Toltequidad o arte de vivir y llevaron la arquitectura, las matemáticas, la astronomía, las ciencias y las artes a niveles insospechados de evolución, en plena edad de piedra.

Otra discusión se centra justamente en la toponimia de la palabra México con argumentos que la identifican como derivada de mecícatl o mexícatl componiéndose de me, que es metl por el maguey, y de citli por la liebre y que hace referencia a uno de los guías que llevaron a los aztecas a encontrar el águila sobre el nopal, símbolo de Huitzilopochtli, lugar donde fundarían su templo y su ciudad: Mexico-Tenochtitlan.

Hay otra versión, que es la más extendida, que ubica el significado del vocablo en: «el ombligo de la luna» o «en el lugar del lago de la Luna», de «Metzxico»: «metz(tli)» (luna), «xic(tli)» (ombligo, centro) y «-co» (locativo).

Ninguna de estas dos versiones es concluyente, sin embargo, por su ubicación geográfica, su evolución histórica y su cultura siempre en evolución México, sin duda, es el ombligo del mundo.

Hace unas semanas, apenas pasando el Día de Muertos, fecha tan importante en nuestra cosmogonía y una de nuestras más simbólicas tradiciones, fui invitado a un hermoso lugar a un costado de la zona arqueológica de Teotihuacan llamado Conejo en la Luna, una mezcalería con sus propias etiquetas y destilados que, además, ofrece experiencias únicas en su restaurante que integran un crisol de mexicanidad plena… en un solo lugar.

Una vez al mes, en este inmueble de San Juan Teotihuacán de Arista, en el Estado de México y próximamente en la CDMX, cuando abran un nuevo local en la Condesa, se tiene a un estado del país invitado que expone su gastronomía tradicional en un contexto contemporáneo, ofrece un maridaje con mezcales, música y baile y muchos otros elementos que generan una velada llena de cultura que inunda el aire de lo que más orgullosos nos hace sentir: nuestros sabores, colores, aromas, texturas, sonidos y significados.

Ese día que a mi me tocó atestiguarlo Michoacán era el invitado, por lo que los pisos decorados de aserrín, las corundas y las carnitas, los globos de cantoya y los fuegos artificiales junto a las pirámides del Sol y la Luna, el “Baile de los viejitos”, la música tradicional de la región, las vestimentas artesanales de las maestras cocineras que se esmeraron para traer los sabores de su tierra a la mesa y todo lo que desgustamos y vimos, nos dejó el alma marcada con el más hermoso espíritu michoacano.

Esa clase de momentos me hacen recordar lo que diferencia a este gran país de todos los demás: 5000 años de historia prehispánica, 500 años de múltiples mestizajes entre anahuacas, españoles, criollos, pero también chinos, africanos y europeos; siglos de esplendor en el arte y las tradiciones culinarias que se funden en un enorme crisol que, si bien consolida una identidad colectiva única en el mundo, nos hace también pensar en una nación que es totalmente diversa donde Sinaloa, Jalisco, Guerrero, Michoacán, Campeche o Yucatán comparten la mexicanidad, pero todos son como pequeños países con su propia lengua, tradiciones, recetas, paisajes y modismos.

Y ahí, en una sencilla mesa frente a las ruinas de la ciudad mesoamericana más importante, con diez siglos de esplendor, puedo ver a mi México pasar frente a mis sentidos y fascinándome una y otra vez, al abrigo de un buen mezcal… mientras el tiempo se detiene.

Conejo en la Luna, circuito arqueologico s/n, Purificación, 55810 San Juan Teotihuacan de Arista, Méx.

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Tomado de https://warp.la/

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