junio 12, 2021

‘El vientre del mar’ arrasa con 6 premios en el Festival de cine de Málaga

La película de Agustí Villaronga consigue la Biznaga de Oro española. El Festival de Málaga, embrujado aún por 'Destello bravío', le concede el Premio del Jurado Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Actualizado Sábado,
12
junio
2021

23:28

La película de Agustí Villaronga consigue la Biznaga de Oro española. El Festival de Málaga, embrujado aún por ‘Destello bravío’, le concede el Premio del Jurado

El director Agustí VIllaronga posa durante la presentación de su película 'El ventre del mar'.
El director Agustí VIllaronga posa durante la presentación de su película ‘El ventre del mar’.Daniel PérezEFE

La edición del Festival de Málaga que acaba es, en realidad, la que empieza. Ya saben, la pandemia. Y el palmarés que anunció el sábado a mediodía el jurado presidido por la actriz Nora Navas puede presumir, en justa correspondencia, de principio y, sin ofender, de fin; de juventud y veteranía; de lo nuevo y lo viejo; de unanimidad sin duda. Lo más evidente fue su claridad al otorgárselo casi todo a El vientre del mar’, del muy consolidado y con modales de clásico Agustí Villaronga. Para ella fue el premio mayor o Biznaga de Oro; el de director; el del guión (firmado por el italiano Alessandro Baricco, de cuya novela surge el texto, y por el propio Villaronga); el de fotografía a cargo de Josep María Civil y Blai Tomàs; el de la música compuesta por Marcús J.G.R, y el de mejor actor principal encarnado por Roger Casamajor. Una unanimidad a la búlgara, que diría el clásico.

A su lado, la gran sorpresa del festival por lo que propone, por lo que inventa y por lo que rompe también, ‘Destello bravío‘ de Ainhoa Rodríguez, se hizo con el segundo premio en importancia, el del Jurado y el del montaje de José Luis Picado. Y así, una película al lado de otra, recomponen a su manera, como decíamos, un principio que es un fin y viceversa. Las dos juntas se hicieron así con ocho de los 11 galardones posibles. Que las dos cintas estén distribuidas por Filmin también cuenta como síntoma. Raros y nuevos tiempos en los que todo el atrevimiento y las ganas corren a cuenta de una plataforma en ‘streaming‘ que no de los otros (los otros empiezan a ser ya los que antes eran los unos).

Fotograma de 'El vientre del mar'.
Fotograma de ‘El vientre del mar’.

La elección se antoja justa, aunque quizá tanta hipérbole sobre. En cualquier caso y si a las dos películas sumamos la mención a ‘Ama‘, Júlia de Paz Solvas, en su visceral y clara actriz Tamara Casellas, y a ‘Karnawal‘, de Juan Pablo Félix, como la otra Biznaga de Oro, la del cine iberoamericano; entonces, sí se pueden decir que están todas las son. La del argentino es una exhibición de los actores Alfredo Castro (premio a mejor secundario) y Martín López Lacci que convierten sus respectivas interpretaciones en dos esmeradas exhibiciones de silencio. Importa no tanto lo que se ve o se escucha como todo aquello que la culpa, la vergüenza o el deseo calla. No hubo mucho más en la sección oficial. Y eso es buena noticia para el palmarés y no tanto para el Festival de Málaga en su conjunto. Aquello de que los premios están demasiado por encima de lo visto en su conjunto se cumple.

Lo de Villaronga se podría calificar de renacimiento. O de reinvención. El director de clásicos no tan ocultos como ‘Tras el cristal’ o ‘Aro Tolbukihn‘ decidió no hace tanto perderse en una suerte de megaproducción tan azarosa con irreal. ‘Nacido rey’, su anterior película, navegaba de forma confusa entre el cine épico barato (un contrasentido) y el de propaganda caro (otra paradoja más). Ahora, contra todos y a favor sólo de la pasión por el cine mismo, el director se inventa un prodigio casi completamente a solas y a medio camino de casi todo: entre la crueldad y el lirismo, entre el teatro y el cine, entre la necesidad de rodar y la imposibilidad de hacerlo por culpa de la pandemia.

‘El vientre del mar’ hace pie en el texto de Alessandro Baricco ‘Océano mar‘, que a su vez navega en uno de sus tramos por el cuadro de Théodore Géricault ‘La balsa de Medusa‘. La película es así un juego de doble, o triple referencia, que hace coincidir tres hilos narrativos entre el pasado desolado, el presente herido y el futuro imposible. Es cine que se alimenta de una puesta en escena teatral con la misma soltura que indaga en los mecanismos primarios y puros del propio cine. Y hasta de la literatura. Y todo ello para configurar un espacio a la vez mítico e irreal tan políticamente oportuno (se habla de todos aquellos que naufragan a fecha de hoy) como existencialmente revelador.

La gran sorpresa

Pero de lo que se ha venido hablar, en realidad, es, y sin desmerecer a nadie, de ‘Destello bravío’. Si por algo se recordará el Málaga de 2021 es por ese vendaval en forma de fábula misteriosa y preñada de sentido que es la primera película de Ainhoa Rodríguez. Como Atenea, que surgió de la cabeza de su padre Zeus perfectamente armada y dispuesta a reinar sobre la faz de la Tierra, esta extremeña ha nacido al cine con una voz tan genuinamente propia y deslumbrante que asusta. Y enamora (se pueda dar miedo y cautivar). Su película se detiene en la vida de una grupo de mujeres para desde ahí elaborar un universo de deseos duros y perfectos. Y pese a ello olvidados. Lo que hace ‘Destello bravío’ es un ejercicio de memoria que también lo es de salvación. Es cine que cura, cine que transforma, cine que cuestiona las reglas más perezosas, cine que ha venido para revolucionarlo todo. La película del año brilla y se llama, como no puede ser de otro modo, ‘Destello bravío’. Construida a medio camino entre el documental y la ficción, cada uno de los personajes se interpreta a sí mismo (o a sí misma, mejor) para indagarse, cuestionarse y, dado el caso, ser otra distinta. Y, sin embargo, igual. El resultado es una película que respira como un animal extraño y a la vez deslumbrantemente familiar, tan único como perfectamente vivo.

Sería un error dejarse arrastrar por la dinámica absurda de los premios absurdos que dejan en un rincón al cine presuntamente especial. En una época en la que la imagen cada vez adolece de forma más acusada del mal de serialización, de la estandarización de las pautas, del algoritmo del folletín, cine como ‘Destello bravío’ no sólo es una provocación, sino una provocación necesaria. El matiz importa.

Así la cosas, y pese a la enfermedad de la unanimidad, conviene quedarse con el todo: ‘El vientre del mar‘, por supuesto y por Nora Navas, y ‘Destello bravío’. Las dos.

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