junio 18, 2022

El racismo: Una lección antropológica



El racismo es una enfermedad social y es necesario contar con una lección antropológica al respecto. El hecho de que haya sobrevivido en el siglo XXI es tan revelador de la cultura occidental como que la condena. Esta lección antropológica se centrará en cuatro aspectos principales: los orígenes, las definiciones, el significado y los efectos del racismo.


El racismo, al igual que el sexismo y la discriminación por edad, es otra forma de discriminación que ha persistido en la historia humana. Desde el principio de la historia, la gente ha discriminado a otros por su diferencia percibida. Es difícil precisar cuándo se produjo el primer caso de racismo, tal vez con el primer encuentro entre dos humanos antiguos. Sea cual sea su origen, el racismo entre los homo sapiens condujo a mas prácticas inhumanas que siguen existiendo hasta hoy.

¿Qué es el racismo?

El racismo se entiende más comúnmente como “el prejuicio, la discriminación o el antagonismo dirigido contra alguien de un grupo social diferente basado en la creencia de que el propio grupo es superior”. Tampoco el tipo de sangre o el color de la piel determinan el origen o la procedencia de alguien. A los humanos les gusta caminar, migrar y reproducirse desde hace millones de años; visto así, comparar poblaciones no significa que existan razas, sino que hay miles de humanos que varían en sus secuencias de ADN.

El racismo es una forma de discriminación basada principalmente en las características físicas de un individuo o grupo social. Implica la creencia de que los seres humanos están divididos en grupos distintos que son diferentes debido a su fenotipo, comportamiento social y sus capacidades innatas, así como el tratamiento de los demás basado en la percepción de pertenencia a un determinado grupo o categoría social. El uso del término “racismo” no se ajusta fácilmente a una única definición.

La ideología que subyace a las prácticas racistas suele incluir la idea de que los seres humanos pueden subdividirse en grupos distintos por su comportamiento social y sus capacidades innatas, así como el trato a los demás basado en la pertenencia percibida a un determinado grupo o categoría social. En el siglo XX, el racismo pasó a considerarse un producto de los conflictos estructurales entre personas de diferentes razas, más que un conjunto de prejuicios individuales.

Historia del término.

El término raza fue utilizado por primera vez por los exploradores europeos para describir las diferencias que observaban entre grupos de personas de todo el mundo. Al principio, se utilizó como un término neutro para describir estas diferencias. Sin embargo, con el tiempo se asoció a estereotipos negativos sobre determinados grupos raciales.

Este proceso comenzó con el colonialismo y la esclavitud en África, donde los europeos esclavizaron a los africanos para que trabajaran en las plantaciones y minas de Norteamérica y Sudamérica. Los colonizadores consideraban a los africanos como inferiores porque eran diferentes a ellos física y culturalmente: su color de piel era más oscuro que el de ellos, por ejemplo, y hablaban idiomas diferentes a los suyos.

Foto: Getty Images

Según algunos investigadores, el concepto de racismo surgió de las ideas sobre la evolución humana y la selección natural que se iniciaron en el siglo XVIII. La palabra racismo fue acuñada por el filósofo y economista alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) en su obra de 1871 “Así habló Zaratustra”. La utilizó para describir lo que consideraba una forma malsana de orgullo nacional. La palabra no se popularizó hasta después de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), cuando fue utilizada por científicos sociales que estudiaban los prejuicios contra grupos minoritarios como los judíos, los negros y los asiáticos.

La palabra racismo en sí misma se utiliza al menos desde la década de 1930. El término entró en la lengua inglesa en 1902 con la publicación de “The Prejudice of Race” de Richard Henry Pratt. En su libro, Pratt escribió: “La palabra ‘raza’ se entiende aquí como un grupo de hombres que manifiesta caracteres físicos distintivos que lo separan de otros grupos”.

No hay base biológica de la raza.

Es bien sabido que la raza no es un fenómeno biológico. El mismo gen puede producir diferentes rasgos fenotípicos en diferentes personas, y el mismo fenotipo puede ser producido por diferentes genes. Esto se ha demostrado repetidamente en experimentos científicos, como cuando gemelos idénticos nacen con colores de piel diferentes.

La idea de raza fue creada por los humanos para justificar sus propios prejuicios. Por ejemplo, los europeos inventaron el concepto de “negro” para describir a los africanos que tenían la piel más oscura que ellos. Utilizaron esta categoría porque querían diferenciarse de los africanos que tenían la piel más oscura que ellos.

La raza es una construcción social que se ha utilizado como excusa para discriminar a otras personas por el color de su piel u otras características físicas. Ser “moreno” en México es ser juzgado por toda su historia como individuo y como grupo, aunque la mayoría de los mexicanos no tienen ni idea de lo que significa ser moreno o afrodescendiente.

La raza es una construcción social.

En la actualidad, asistimos a un resurgimiento del pensamiento racial a medida que las sociedades de Europa y América del Norte se enfrentan a la inmigración, la diversidad y la globalización.

Pero la raza es una construcción social. No es real. No tiene ninguna base biológica. Es una forma de clasificar a las personas en función de sus características físicas y asignarlas a grupos, pero no hay criterios objetivos para esas categorías o grupos.

La raza es una construcción social, pero el racismo no lo es. El racismo es la creencia de que la raza es real y que las características de ciertas razas son superiores o inferiores a otras. Aunque pudiéramos demostrar científicamente que todos los humanos son genéticamente idénticos y que no hay diferencias físicas entre nosotros, el racismo seguiría existiendo porque no se trata de biología, sino de creencias.

La antropología moderna rechaza el concepto de raza como forma biológicamente válida de clasificar a los seres humanos, ya que no existen categorías raciales distintas a nivel genético. En su lugar, los antropólogos han desarrollado otras formas de clasificar a las personas en función de su composición biológica -como la etnia- que les ayudan a comprender la diversidad humana sin imponer divisiones artificiales en la sociedad basadas en características físicas que no tienen validez biológica.

Teorías sobre el racismo.

Las teorías sobre el racismo abundan. Algunos lo ven como una psicopatología o enfermedad mental; otros, como una forma de control social o como un arma política contra determinados grupos. Algunos lo ven como un aspecto inevitable de la naturaleza humana; otros, como un conjunto de comportamientos aprendidos. Y otros lo ven como una necesidad económica para el mantenimiento del capitalismo.

En su libro “Racismo: A Short History” (2002), David Theo Goldberg ofrece una visión sucinta y sofisticada de los enfoques teóricos del racismo:

Las teorías que ven la raza como algo construido socialmente y, por tanto, modificable (por ejemplo, Thomas Sowell). Las teorías que consideran que la raza tiene una base biológica y es inmutable (por ejemplo, Charles Murray). Teorías que destacan el papel de la economía política en la generación de las diferencias raciales (por ejemplo, los marxistas).

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En la década de 1960, los científicos sociales comenzaron a desarrollar teorías sobre el racismo. Una de estas teorías era el funcionalismo, que decía que el racismo era una parte necesaria de la sociedad porque ayudaba a preservar el orden. Otra teoría era la del conflicto, que decía que el racismo era el resultado de los conflictos entre los diferentes grupos de la sociedad.

En los años setenta y ochenta, muchos científicos sociales rechazaron el funcionalismo y la teoría del conflicto como formas útiles de entender las relaciones raciales. En su lugar, argumentaron que las relaciones raciales están determinadas por las diferencias culturales entre los grupos; también, por la forma en que los individuos piensan en sí mismos y en los demás.

Los investigadores llevan estudiando cómo piensa la gente sobre la raza al menos desde la década de 1930. Gordon Allport realizó una encuesta en la que pedía a la gente que calificara sus sentimientos sobre otras razas en una escala del 1 (indiferente) al 7 (aversión intensa). En su libro The Nature of Prejudice (1954), Allport descubrió que la mayoría de la gente tenía algunos sentimientos prejuiciosos hacia otras razas, pero que no eran formas violentas o extremas de racismo. También encontró dos tipos de prejuicio: el afectivo (basado en las emociones) y el cognitivo (basado en las creencias).

Estereotipos y creencias raciales.

El racismo es un fenómeno social complejo que no puede reducirse a una sola causa o factor. Por el contrario, es el resultado de muchos factores diferentes, como los estereotipos y las creencias raciales, los prejuicios, los conflictos sociales y las prácticas de discriminación institucionalizadas.

Los estereotipos y las creencias raciales son una de las principales causas del racismo en nuestra sociedad. Los estereotipos raciales son creencias sobre grupos de personas que no tienen en cuenta las diferencias individuales dentro de esos grupos y hacen hincapié en las cualidades negativas. Por ejemplo, si se cree que todos los afroamericanos son perezosos o poco inteligentes, esto es un estereotipo porque ignora a los individuos que son trabajadores o inteligentes. Los estereotipos se utilizan a menudo para justificar el comportamiento racista hacia los miembros de estos grupos, devaluándolos como seres humanos con sentimientos, emociones y necesidades como todos los demás.

El racismo también es el resultado de los prejuicios, que es una actitud hacia un grupo de personas basada en su raza y no en sus características individuales. Los prejuicios pueden conducir a sentimientos de superioridad sobre otros grupos, lo que puede llevar a la discriminación contra ellos.

Los conflictos entre diferentes grupos raciales pueden llevar a la violencia, como los disturbios o las agresiones físicas contra los miembros de otro grupo porque difieren de su propio grupo en algún aspecto, como el color de la piel o la cultura. Los medios de comunicación suelen presentar a determinadas razas como violentas, lo que puede influir en la actitud de la gente hacia ciertos individuos o grupos.

Los antropólogos pueden enseñarnos a pensar en la complejidad de la raza y el racismo de manera más eficaz.

En última instancia, creo que las lecciones de la antropología pueden hacernos más eficaces como investigadores, comunicadores y activistas cuando se trata de cuestiones de raza y cultura. Aunque la antropología no es la única disciplina que puede ayudarnos a comprender mejor el racismo, tiene sus propias ideas que compartir. Por ejemplo, las etnografías son útiles para revelar cómo las suposiciones sobre la raza impregnan la vida social a través de microinteracciones. El estudio disciplinado de estas interacciones puede darnos herramientas que podemos utilizar para poner de manifiesto la arbitrariedad de muchas distinciones culturales.

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Tomado de http://Notaantrpologica.com/