abril 19, 2022

El fracaso de la Ley Bartlett

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El resultado fue la peor derrota legislativa que haya sufrido un presidente de la República. El marcador ni siquiera estuvo cerrado. Morena y sus aliados se quedaron 57 votos debajo de la mayoría calificada.

Llama la atención el zafarrancho en la Cámara de Diputados a propósito del debate y votación de la llamada Ley Bartlett, una iniciativa de cambio constitucional para restituir a la CFE su papel dominante en la producción y distribución de electricidad. Buscaban conseguirlo mediante la supresión de la competencia con empresas privadas por la generación de electricidad limpia y barata.

El presidente López Obrador sabía que no traía los 336 votos que se necesitaban para asegurar una mayoría calificada y aprobar modificaciones a la Carta Magna. Aún así, dio instrucciones a la bancada de Morena para llevar el asunto a una sesión plenaria y ver de qué cuero salían más correas.

El resultado fue la peor derrota legislativa que haya sufrido un presidente de la República. El marcador ni siquiera estuvo cerrado. Morena y sus aliados se quedaron 57 votos debajo de la mayoría calificada en una sesión plenaria a la que asistieron 498 diputados.  

Nunca antes una iniciativa de reforma constitucional propuesta por el titular del Poder Ejecutivo había naufragado de forma tan estrepitosa. Los presidentes solían poner sus proyectos en manos de operadores políticos experimentados y competentes. Junto con ellos se aseguraban de tener los votos necesarios, antes de exponer la autoridad presidencial.

¿Qué salió mal en esta ocasión? El Dip. Ignacio Mier, jefe de la bancada de Morena en San Lázaro, es un político experimentado. Tuvo una larga carrera en el PRI de Puebla, antes de saltar a Morena en 2017, cuando los vientos políticos cambiaron de dirección. Fue diputado en el Congreso de Puebla (1993-1996) y diputado federal (1997-2000), en ambas ocasiones por el PRI.

Pero la posición de jefe de la bancada de Morena y presidente de Junta de Coordinación Política parece quedarle grande. Ha entendido su papel como el de un “perro de presa” de la 4T. A la menor provocación se lanza contra la oposición y los críticos del gobierno.

Quizás sea lo que el presidente López Obrador espera de él, aunque arroje malos resultados en la conducción parlamentaria. Los acuerdos con la oposición en San Lázaro han brillado por su ausencia. Las leyes se aprueban a punta de gritos y sombrerazos.

No obstante, el principal responsable del fracaso de la Ley Bartlett es el propio presidente López Obrador. Su estilo personal de gobernar se asemeja al de un jugador empedernido, que desafía a las probabilidades y dobla las apuestas cuando va perdiendo. De igual forma fanfarronea sus triunfos –por más pequeños que sean–, y siempre culpa a alguien más por sus rachas perdedoras, que suelen ser largas y costosas.

Con la Ley Bartlett, López Obrador apostó a dividir al PRI, el partido bisagra en la cámara baja para reformas constitucionales. Buscó dejar sola a la minoría tecnocrática, al separarla del priismo tradicional, identificado con el añejo estatismo nacionalista. A la dirigencia del tricolor no le quedaría más que apoyar la propuesta del gobierno o enfrentarse a una revuelta. Por ello, en lugar de negociar, López Obrador llamó a los legisladores del PRI a rebelarse.

Si las cosas le salían al político tabasqueño, no solo tendría su reforma constitucional, sino además conseguiría otros objetivos políticos importantes. Si al PRI no lograba someterlo, al menos lo dejaría débil y dividido. En cualquier caso, implicaría la destrucción de la alianza opositora formada por PRI, PAN y PRD.

Pero López Obrador leyó mal al PRI y subestimó la capacidad de su dirigencia nacional de mantenerlo unido. Resultaron contraproducentes las amenazas, descalificaciones e insultos proferidos desde Palacio Nacional. Al final del día, el tricolor sufrió una sola defección. Se necesitaba mucho más que eso para evitar el mayor éxito de la alianza opositora hasta ahora.

*Profesor del CIDE.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

Tomado de https://www.eleconomista.com.mx/