Discos 2020 (4): cantautores, rockeros y apóstoles del country

Con el corazón puesto a fuego lento, Perfume Genius entrega Set My Heart On Fire Inmediately, uno de los discos del año: soterrada riqueza instrumental, melodías que se entrometen de inmediato y esa vocalización al borde de la tristeza que solo aviva más las llamas purificadoras. Old Wow de Sam Lee se estructura en tres partes: corazón, hogar y tierra, juego de palabras que organizan los cantos folk entre cuerdas, pianos y sentencias que parecen surgir de las raíces mismas de la convivencia primigenia con la naturaleza, en tanto Damien Jurado grabó con tono grave e interrogativo, What’s New Tomboy?, acaso buscando noticias después de un proceso de separación. El trío Bonny Light Horseman retomó canciones tradicionales del folk británico y de los Apalaches para entregar el inspirador y memorioso ídem Bonny Light Horseman.

Para respirar en este ano tan asfixiante con cierta calma, ahí está Bill Callahan con su Gold Record, folk que se inserta en un mundo caótico pero aún con esperanza, mientras que The Ascension, con toda su riqueza armónica, aborda el pesimismo de los tiempos que corren sin que Sufjan Stevens deje de lado la variedad de emociones que se han generado; en esta vertiente, Kevin Morby puso su escritura al servicio del crepúsculo en Sundowner. Andy Shauf confirmó su talento para iluminar los parajes calmos que se elevan ante nuestras miradas con The Neon Skyline, en tanto los Rolling Blackouts C. F. se inclinaron por el tono melódico sin perder la ruta rockera en Sideways to New Italy, su segundo álbum.

Drive-By Truckers avanzaron otro tramo más en la carretera sureña de la integración de country, pop y rock con The Unraveling, también transitada con las direccionales bien puestas por The Jayhawks vía el consistente XOXO. Por su parte, Fleet Foxes entregó su cuarto álbum, el autóctono Shore, con referencias a los nativos americanos entre los habituales tapetes de folk rock, retomados con un mayor énfasis en términos de pop introspectivo por los Magik Markers, regresando con 2020; en tanto Eels apostó a esa melancolía rasposa en Earth to Dora para darle un lugar a la mujer del título, donde igual cabe la pérdida y la decepción. Bright Eyes volvió como proyecto para integrar country, góspel y folk con la clásica vocal lánguida de Oberst, bien envuelta en atmósferas melancólicas, en Down in the Weeds, Where the World Once Was.

A partir de un impredecible y contrastante armado de secuencias con una base pop, el estadounidense BC Camplight articuló el extrañamente envolvente Shortly After Takeoff, completando su trilogía de Manchester con toques de humor. Oneohtrix Point Never, el proyecto de Danile Lopatin, firmó el autorreferencial Magic Oneohtrix Point Never, orientándose hacia ambiente de mayor tranquilidad sin perder el poder de la chistera y Phil Elverum, vía Microphones, profundizó en su espíritu indie de amplificación situacional con Microphones in 2020.

Tame Impala entregó su cuarto disco The Slow Rush, sumando influencias a su consolidada sicodelia en tonos claros, entre ritmos con finos brillos que ralentizan el trayecto, mientras que The Killers mantuvo en alto el ímpetu con Imploding the Mirage, consecuente con su trayectoria emocional, veta también retomada por The Strokes en su sexto disco, el retador The New Abnormal, poniéndose a prueba para confeccionar un rock de anhelantes derroteros, mientras que con acentos sesenteros de un poprock que bebe influencias con naturalidad, The Lemon Twigs ampliaron rango con Songs for the General Public.

Tomado de http://milenio.com/rss/

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