abril 19, 2021

Capítulo II de En los brazos de Venus Quisiera desandar el tiempo para volver a enamorarme de tu risa. Que la noche en la que nos conocimos no tomaras café y yo creyera que tenías una afección cardiaca o una alergia...

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Capítulo II de En los brazos de Venus

Quisiera desandar el tiempo para volver a enamorarme de tu risa. Que la noche en la que nos conocimos no tomaras café y yo creyera que tenías una afección cardiaca o una alergia a la cafeína. Quisiera regresar mi vida como si fuera una película y asombrarme con el color de tus ojos a la luz del sol. Y jugar a contarte mentiras para sorprenderte o asustarte, y al ver tu reacción decirte entre risas que todo es falso… que todo es falso, menos mi amor por ti.

Quisiera desandar el tiempo para construir mis domingos bajo la sombra del árbol que está afuera de tu casa. Para sentir el sol en el rostro y tus brazos alrededor de mi cuello. Al tiempo que tu respiración en mi oído me arrulla para soñar despierto. Desearía tanto poder moldear el universo, doblarlo como plastilina, situarme en cualquier punto y volver a verte tomar un vaso de agua de lima o de sandía.  Observar cómo te fascinan los dulces y los comes tomándolos de tu regazo, como una niña en el cuerpo de una mujer.

Te juro, mi amor, que si pudiera desandar el tiempo lo haría. Para verte desnuda al pie de mi ventana, y mientras fumas, acercarme a ti para besar tu espalda y tus hombros. Complacido por haber bebido tu saliva y el agua que brota de ti, entre sueños te volvería a sentir, soñolienta pero inquieta porque se acerca la hora en la que debes estar en casa.

Anhelo más que mil y un cosas, más que cualquier festividad o cualquier libro, la paz que me daba tu amor. Te prometo, vida mía, que si algún día puedo retroceder el tiempo me libraría de los vicios y las costumbres que me llevaron a cometer tantos errores. Corregiría mi ser como el escultor que talla su obra más preciada. Te confesaría todo para que juntos podamos enderezar la senda de mis pasos.

Deseo como no tienes una idea, el volver a reír con tu familia. Que me vean con cariño y no con desprecio. Sentarme en tu mesa y comer juntos. Salir a pasear de tu mano y transformar este mundo en un lugar habitable y cálido. Te extraño tanto y muero porque sé que no te veré hoy por la noche ni mañana por la mañana. No te escucharé cantar mientras conduzco, ¿recuerdas que siempre encontrabas en la radio una canción que conocías? Yo todo el tiempo lo pienso, y te extraño y muero, porque el tiempo se pierde como una lágrima en el pozo del olvido.

Quisiera desandar el tiempo porque no sé en qué momento me perdí en la oscuridad y tropecé. Añoro entrelazar nuestros dedos y ofrecerte una sonrisa. Niña mía, todo carece de sentido. A veces te extraño y a veces me digo a mí mismo que ya te superé. Mi existencia es un vaivén de pensamientos que se mezclan con emociones pasajeras. De súbito hay instantes de desesperación que me quebrantan. Y me tengo que esconder para llorar y luego me siento ridículo, porque sé que tu vida y mi vida están distantes, y ahora estamos bien así. 

Y me arrepentiré de escribir esto y de que lo lean, pero la literatura no es más que una secuencia de errores que se transforman en palabras. Son las cenizas de las hogueras que conforman nuestras vidas.

Quisiera desandar el tiempo para quitarte la ropa, cubrirte de besos, ponerte el manto azul de una virgen y crear un culto cuyo eje eres tú. Me arrodillaría frente a ti y te traería flores. Ofrendas hechas de frutas verdes y caramelos rojos. Escribiría un evangelio repleto de bienaventuranzas, porque la vida es buena y porque soy feliz.

Te juro, mi amor, que si pudiera desandar el tiempo lo haría. Para esperarte afuera de la catedral y verte llegar por primera vez. Ver tu risa y saber que me he enamorado.

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