diciembre 6, 2021

Delibes y Umbral: confidencias entre dos grandes de las letras

El libro 'La amistad de dos gigantes. Correspondencia (1960-2007)' reúne la cartas, muchas dee ellas inéditas, entre los dos Premios Cervantes Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Confidencias sobre la salud, consejos sobre qué editorial pueda convenir más, dudas, opiniones sobre otros escritores (Cela, Benet, García Pavón, Zunzunegui…) o editores (Lara, Vergés), la rutina diaria, quebrantos económicos, malentendidos, felicitaciones por un premio conseguido… Desde 1960 a 2007 Miguel Delibes y Francisco Umbral mantuvieron una relación epistolar apasionante y apasionada y, en muy buena parte, inédita que la editorial Destino acaba de publicar bajo el título Miguel Delibes-Francisco Umbral. La amistad de dos gigantes. Correspondencia (1960-2007). El libro se presentará este miércoles en la sede de la Diputación de Valladolid.

Además, José Hierro y Francisco Umbral son los protagonistas de una exposición en el Espacio Mercado en Getafe, junto al Ayuntamiento de la localidad madrileña, abierta hasta el domingo 25 de abril. Este pasado lunes, el profesor Santos Sanz Villanueva y el poeta y periodista de EL MUNDO Antonio Lucas participaron en un debate sobre los dos escritores y amigos durante tantos años.

La primera carta de la que se tiene constancia es la que Delibes (Valladolid, 1920-2010) le escribe a Umbral (Madrid, 1932-2007) a finales de 1960: «Felices Navidades y luz y paz para 1961: Tu ensayo sobre mi obra es todo lo lúcido, inteligente y generoso que yo podía esperar. Muchas gracias. Me agradaría mantener mi contacto personal con esa gran ciudad. Tengo unas narraciones sobre Castilla, sobre la vida de los pueblos de Castilla, que han gustado mucho en Madrid…». Se trata de una tarjeta navideña manuscrita con fotografía de Delibes, su mujer, Ángeles de Castro, y Concha Delibes Setién, hermana del escritor: los tres está a lomos de un camello. Días después le contesta Umbral, quien encabeza así la respuesta: «Sr. D. Miguel DELIBES, El Norte de Castilla, Valladolid. Querido director: Gracias por tus buenos deseos de Navidad, que te devuelvo». El trato es afectuoso pero aún no cálido.

«Lo privado dio paso a lo íntimo, el intercambio postal se hizo habitual y alcanzó una gran dimensión», escribe Santos Sanz Villanueva en el prólogo del libro. Y agrega el catedrático de Literatura de la Universidad Complutense: «Así se fraguó un copioso epistolario de tres centenares de cartas en las que se aprecia el proceso de desarrollo y consolidación de una amistad que llegó a ribetes paterno-filiales: ‘Sigo siendo tu octavo hijo’, dirá Umbral poniéndose a la cola de la numerosa prole de Delibes».

La relación se inició en Valladolid, donde los futuros Premio Cervantes, coincidieron. Delibes, como alto cargo de la redacción del periódico El Norte de Castilla, antes de ser nombrado director en 1961; Umbral, que había trabajado como subalterno en el Banco Central, se trasladó a León en 1958, donde trabajó de administrativo, primero, y luego como locutor y guionista en la emisora La Voz de León. Muy pronto, empezó a colaborar en el Diario de León. Pero la amistad alzó el vuelo cuando Umbral se instaló en Madrid y envió desde allí sus colaboraciones para El Norte de Castilla.

También hay reproches. Delibes a Umbral en noviembre de 1968: «Me admira tu fecundidad. Creo, sin embargo, que no debes trabajar tanto y, concretamente, los libros debes reposarlos más». «Me parece que están cuidados», responde en enero del año siguiente. «No escribo a lo loco, ni mucho menos. Yo no tengo la culpa de ser rápido, de tener salud y ganas de escribir. Pero lo cierto es que los grandes editores todavía no me han descubierto. Me siento como la que está buena y no se casa».

Son comentarios donde la sinceridad estaba siempre presente. Se apoyaban el uno en el otro: » Yo, con el eje roto, he optado por la pasividad», comentó Delibes el 3 de febrero de 1976 tras la muerte de su mujer en 1974, el mismo año que Umbral perdió a su hijo, Pincho, de seis años. «No hago nada. No escribo nada, aparte los rutinarios diarios de caza y pesca, y me limito a ver pasar la vida que en lo que atañe a la nacional no parece llevar un rumbo demasiado esperanzador». Días después, respondió Umbral: «Ayer por teléfono, volví a encontrarte ‘bajo’, y esto me cabrea. Tenemos que inventar algo». Umbral también estaba amargado por la muerte de su único hijo, por leucemia, el verano anterior.

En este libro se ha respetado, «escrupulosamente», la literalidad de las cartas, «hasta tal punto que se mantienen la forma peculiar que tiene cada escritor de fechar las mismas, sus subrayados y los membretes que encabezan algunas de ellas», dicen en el pórtico del libro Araceli Godino López y Luciano López Gutiérrez, responsables de la edición del volumen. Sus notas a pie de página explican quiénes son los personajes que salen a colación, a qué institución se refieren o qué artículo comentan.

'Cinco horas con Mario', dedicado a Umbral por Delibes.
‘Cinco horas con Mario’, dedicado a Umbral por Delibes.

El volumen, editado gracias a la colaboración de la Diputación de Valladolid y las Fundaciones Miguel Delibes y Francisco Umbral incluye una bibliografía básica, un índice onomástico y la reproducción de dos cartas de los protagonistas. Viveza, sinceridad, pesar, abulia. Viajes, lecturas. Y recomendaciones sobre editores, como esta duda de Umbral escrita el 25 de abril de 1971: «Aquí me tienes, entre Lara y Vergés, que son antagónicos y se odian, sin saber con quién irme. No digas nada a Vergés. A mí me apetece mucho Destino, claro (…) pero Lara me ofrece mucho dinero, ya sabes, y quizá el premio [Planeta]». Sólo dos días después llegó el consejo de un Delibes avezado: «Consejo: amarra a Lara para el premio (o casi), dale ese libro y luego vete con Destino. El millón está bien, y la propaganda que conlleva, pero la editorial (aunque vende) merece poco crédito. Yo, al menos, haría eso».

Da envidia esa complicidad, esa amistad que se mantuvo frente a opiniones dispares sobre el concepto de la literatura que cada uno tenía. Ya en 1966, escribió Umbral: «Naturalmente no estoy de acuerdo con la necesidad de un tema a la manera tradicional. Pienso en Kerouac en Henry Miller, que para mí encarnan la novela de hoy, y que escriben unas cosas sin tema e incluso sin organización». Una semana después: » Tu opinión y la mía no coinciden sobre lo que la novela debe ser (…) Mucho me temo que la gente lectora sigue anteponiendo a Camus y Bellow a Kerouac y Grillet durante mucho tiempo. Somos decimonónicos, no lo podemos remediar».

Camilo José Cela, Manuel Leguineche, la muerte, el nuevo piso en la Avenida de Valladolid, los paseos, Aldecoa, La hoja roja, Aleixandre, Raúl del Pozo, Las ninfas, artrosis y artritirs, la revista Triunfo, Salvador Pániker… El libro supone un recorrido por esa España gris que iba adquiriendo tono, color y vigor. Y ellos dos, ahí, en primera fila.

La lealtad seguirá ahí. Hasta el final. La última carta fue la que envió Delibes a María España Suárez, la mujer de Umbral el día en que muere su amigo: «En vano he pretendido hacerte llegar mi voz por el alambre. Inútil. En rigor, simplemente quería confirmarte lo que ya imaginarás: que vivo contigo este día minuto a minuto. Sé lo que querías a Paco y lo que te supone quedarte sola. Los viejos amigos seguimos a tu lado. Ya lo sabes. Te abraza de corazón Miguel Delibes. Hace años que no puedo viajar». 28 de agosto de 2007. Para quitarse el sombrero.

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