Cruïlla: la gran prueba de los festivales de Europa

Un dispositivo de cribaje ejemplar y mucho público joven, no siempre prudente, estrenan el regreso a las pistas Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Actualizado Viernes,
9
julio
2021

15:34

Un dispositivo de cribaje ejemplar y mucho público joven, no siempre prudente, estrenan el regreso a las pistas

Cruïlla: la gran prueba de los festivales de Europa
EFE

Dos factores añadían presión extra al Cruïlla, el primer gran festival de música pospandémico que se celebra estos días en Europa: por un lado la preocupante cifra de contagios entre la población joven, que lleva toda la semana disparada en Cataluña y no baja; y, por otro, el caos del Vida, celebrado a principios de mes en Vilanova i la Geltrú, que se saldó con larguísimas colas y un colapso del sistema de cribaje. Afortunadamente, nada que ver con el Cruïlla, donde la primera jornada, el pasado jueves, fue como la seda: el acceso de 15.000 asistentes fue fluido, sin colas y con unos controles que arrojaron 126 positivos detectados. Todos ellos y sus acompañantes, en caso de convivientes, se fueron a casa con el reembolso de la entrada.

La enorme infraestructura instalada en el Centro Internacional de Convenciones cercano al Fórum funcionó como un reloj: apenas se tardaba unos pocos minutos en sortear varios controles para chequear la posible fiebre, el ticket del festival, el DNI (hasta en dos ocasiones), la cita con el cribaje y el test de antígenos. Un equipo de 100 enfermeros, 200 auxiliares de enfermería y seis médicos se encargaron diligentemente de todo el proceso. A la salida se regalaba una mascarilla FFP2 que los voluntarios sugerían colocar encima de la que uno traía de casa. Para entrar al festival había que esperar otros 15 minutos hasta conocer el resultado definitivo, que llegaba de dos maneras: en un correo electrónico y a través del sistema vinculado a la pulsera cashless.

Kase O.
Kase O.EFE

El gigantesco dispositivo tiene un coste de un millón de euros, de los que una tercera parte es costeada por el público (cada test son 8,50 euros adicionales). La organización del Cruïlla confía en que entre un 20% y un 25% lo cubra una subvención del Departamento de Cultura. De las tres jornadas del festival, la del jueves fue la más floja en afluencia: el verdadero test de estrés se prevé en los accesos de mañana, cuando está previsto que 25.000 personas acudan a ver a Leiva, Izal, Morcheeba, León Benavente, Dorian y Coque Malla.

En kilómetros cuadrados de cemento no hay nada que gane al Fòrum: margen para respetar la distancia de seguridad hay de sobra. Otra cosa distinta es que la juventud, la cerveza, las ganas de celebración colectiva acumuladas y las hormonas desbarajusten las mejores intenciones. Ya llevamos mucha pandemia a cuestas y sabemos lo que siempre pasa. El jueves fue inevitable ver a numerosos jóvenes sin la mascarilla puesta, pese a que es obligatorio llevarla.

En lo musical, la primera jornada estuvo enteramente dominada por el rap tras la cancelación del concierto de Senyor Oca después de que su cantante, Sergi Sales, diese positivo en el test de antígenos. «¿Cuánta gente se acuerda de bailar después de dos años encerrados en casa?», preguntaron los cantantes de Lágrimas de sangre. El concierto estrella del día, de Kase O., lo tenía todo a su favor para triunfar: bien de luces, bongos, un saxofonista entregado y un Kase O. al que se le nota muy liberado tras dejar atrás su etapa de vacile en Violadores del Verso. Descalzo, de blanco ibicenco y haciendo la croqueta por el escenario, el cantante maño se basó en Kase O. Jazz Mmagnetism, el disco que sacó hace ya una década en el que fusiona rap y jazz. El concierto empezó con una divertida versión instrumental de la sintonía de Barrio Sésamo y a partir de ahí todo fue juego, pasarlo guay y éxtasis para la chavalada. Las rimas del MC zaragozano se acoplan con verdadera frescura a la banda de jazz que lo acompaña. Cayeron clásicos como Mazas y catapultas, bailes imposibles, un puñado de proclamas místicas y hasta alguna postura de yoga. Ver a Javier Ibarra haciendo el guerrero y el árbol sobre el escenario delante de más de 10.000 postadolescentes entregados (más de uno acompañado de su padre) dice mucho de cómo ha evolucionado el hip hop en general y el que un día fue el rapero más respetado de España. Hubo dos momentos emotivos en recuerdo de J Mayúscula (fallecido el año pasado) y Samuel Luiz, el coruñés de 24 años asesinado la semana pasada, a los que dedicó una canción. Ibarra, que en alguna ocasión ha confesado sus dudas acerca de las vacunas, habló de «música sanadora y renovadora» con una actitud entre lo chamánico y el ídolo de masas que, eso sí, sigue siendo.

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