¿Contagiarse de covid afectó la probabilidad de conservar el empleo?

La pandemia de covid-19 provocó efectos negativos e importantes en el empleo. En el caso de México, en cuestión de solo dos meses (entre febrero y abril de 2020) 12.7 millones de personas dejaron de desempeñar una ocupación que les generara ingresos, lo que representó una caída del empleo de 23% —y entonces no sabíamos cuándo terminaría este efecto—. Finalmente, tanto el empleo total como el que corresponde al sector formal lograron recuperarse al final del segundo y del tercer trimestre de 2021.

Aunque este descenso se debió a la suspensión de muchas actividades económicas, el covid pudo haber afectado de forma más directa al empleo, y es precisamente esto lo que un grupo de economistas e investigadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) decidimos averiguar. El estudio “The impact of covid-19 infection on labour outcomes of Mexican formal workers”, que acabamos de publicar, expone las consecuencias en el empleo formal (es decir, en el que está registrado ante el IMSS) de haberse contagiado de covid.

Empecemos por aclarar que esta enfermedad pudo haber incidido en el empleo de diferentes maneras. En los momentos más álgidos de la pandemia, durante el 2020, hubo un fuerte estigma contra los enfermos. Muchos pensaban que quienes se contagiaban de covid eran descuidados o, por lo menos, más propensos a correr riesgos. También se creía que quienes se habían contagiado podían esparcir más el virus, aunque ya se hubieran librado de él, y que era más probable que se contagiaran nuevamente. En ese periodo, además, se empezaron a discutir los efectos secundarios de la enfermedad (por ejemplo, el covid persistente). Ante todo esto, es posible que muchos empleadores pensaran que las personas que tuvieron covid eran menos productivas, y quizá prefirieron buscar y contratar trabajadores que jamás hubieran contraído el virus. Esto nos haría suponer que haberse contagiado de covid podría haber reducido la probabilidad de tener un empleo.

Sin embargo, si lo pensamos en sentido inverso, haberse enfermado pudo haber aumentado la permanencia de las personas en sus trabajos. Es posible, por ejemplo, que algunos empleadores consideraran que los trabajadores que ya se habían enfermado corrían menos riesgo de contagiarse otra vez. También es posible que los empleados, por su parte, hayan querido conservar sus puestos dentro del sector formal por la atención médica que ellos y sus familias podían recibir del IMSS. Así, entre estigmas y mecanismos a favor y en contra, no es evidente cuál fue el efecto del covid en la probabilidad de mantener o no el empleo.

El estudio que publicamos únicamente considera a los trabajadores que se hicieron la prueba PCR para detectar el virus en las instalaciones del IMSS. Restringimos las fechas de las pruebas al periodo que va de marzo a junio de 2020 para poder analizar las trayectorias de empleo doce meses antes y doce meses después de la prueba de covid. Mediante procedimientos estadísticos, los contrastamos con trabajadores muy similares. De este modo podemos asegurar que los resultados de nuestro estudio no se explican porque algunos trabajadores perciben mayores ingresos ni por su edad. En suma, los trabajadores que estudiamos son idénticos en promedio: la única diferencia entre ellos es el resultado de la prueba PCR.

Nuestra investigación desmiente la hipótesis de que haber contraído covid incidió negativamente en la probabilidad de mantener un empleo formal. Por el contrario, la probabilidad de que las personas contagiadas conservaran su empleo en el sector formal fue más alta, y esta se mantuvo hasta seis y doce meses después de hacerse la prueba de covid, en comparación con aquellos que dieron negativo a la misma prueba. Entonces, no parece que el estigma contra los que enfermaron haya sido muy importante en términos de conservar el empleo formal. Pero por qué fue así, qué explica este resultado. Uno podría suponer que se debe a la licencia de incapacidad. Si así fuera, observaríamos que el efecto en el empleo es mayor en los primeros meses de haberse hecho la prueba. Sin embargo, no es lo que encontramos. El efecto positivo en el empleo va creciendo lentamente hasta que se estabiliza a los seis meses después de la PCR.

Los resultados también revelan que los trabajadores que más mantuvieron sus empleos después de haberse contagiado fueron los que perciben menos ingresos. En cambio, en el grupo de los que obtienen mayores ingresos —de la mediana en adelante— no se observa ninguna diferencia entre quienes dieron positivo y quienes dieron negativo a la prueba PCR. Por lo tanto, que los empleadores pensaran que quienes ya se habían contagiado tenían menos riesgo de volverse a contagiar no explica este aumento en la conservación del empleo. De otro modo, observaríamos que todos mantienen su trabajo por igual, independientemente de su nivel de ingreso.

Finalmente, nuestro estudio sugiere que los trabajadores valoraron más los servicios médicos que podían obtener del IMSS durante la pandemia, y que este fue el caso especialmente entre los empleados de menores ingresos. Recordemos lo que se vivió entonces: había mucha incertidumbre sobre cómo tratar la enfermedad y sobre las consecuencias de haberse contagiado. Ante ello, parece que los trabajadores empezaron a valorar más los servicios de salud del IMSS, a los que tanto ellos como sus familiares tuvieron acceso.

Que se valoren más los servicios públicos es buena noticia, pues cuando las personas cotizan durante más tiempo ante el IMSS se genera más ahorro para las pensiones, y además así se puede brindar mayor atención médica a los grupos vulnerables. Nuestros resultados también sugieren que es posible fomentar el empleo formal al mejorar la percepción que tiene la gente sobre la calidad de los servicios médicos del IMSS. Pero esto, a la vez, impone desafíos importantes. La gente no valora al IMSS si no tiene motivos para hacerlo y su apreciación puede cambiar. Si la sociedad percibe que la atención médica está empeorando, entonces cada vez valorará menos los empleos formales. Por lo tanto, el IMSS y la salud pública requieren de innovación y mejoras constantes: así las personas no dejarán de valorarlos tras la pandemia.


Raymundo M. Campos Vázquez es profesor e investigador del Centro de Estudios Económicos en El Colegio de México y doctor en Economía por la Universidad de California en Berkeley. Twitter: @rmcamposvazquez; sitio web: http://cee.colmex.mx/raymundo-campos.

Tomado de https://gatopardo.com/