noviembre 7, 2022

Certezas y dubitaciones en la brújula de la cultura obradorista – Víctor Roura (II de V)

En la renovada Feria Internacional del Libro de Monterrey, ocurrida del 8 al 16 de octubre, hubo una intervención, acaso la mesa central de todo el evento (¡durante una conferencia de prensa, que es parte del mismo acto, a esos grados se dimensiona la figura intelectual de la protagonista!), de la escritora Elena Poniatowska donde salió a relucir, aún más, su descontento con la gestión obradorista al lanzar, resguardada —o acompañada— por funcionarios evidentemente opositores de la administración morenista, fuertes y enconadas acusaciones contra las decisiones de la actual administración federal en materia cultural levantando cierta ámpula en el sector al considerar dichas palabras una especie de reclamo al extraviar la novelista sus privilegios económicos, antes solventes de manera permanente: en los sexenios pasados no se había aireado, jamás, tal revuelo o reclamo por la indiferencia, siempre perenne, del funcionariato federal, de ahí mi interés por saber, de viva voz, los padeceres o los cuestionamientos de la clase creadora; pero quizás, dentro de la oscuridad emitida por Elena Poniatowska, haya nebulosos resplandores en aquellas ríspidas declaraciones, envueltas en la clásica aparente ingenuidad poniatowskiana (sobre todo cuando, apenas recientemente, la escritora fue festejada —con lujo de inmensa propaganda masiva oficial— el pasado mayo por su nonagésimo cumpleaños mereciendo espacios por doquier en el sistema radiotelecomunicacional del Estado mexicano). ¿Qué piensan los artistas, qué dicen de esta situación, cuál es su opinión? No de lo afirmado por la escritora sino, aprovechando la coyuntura, de la circunstancia cultural sin ánimo airado, con tiento reflexivo. Hice sólo tres preguntas a casi medio centenar de creadores que, gentilmente, han respondido con el indudable rubro del intelecto propositivo, no enfadado ni ideológico, que entorpece al diálogo abierto. Respeto hondamente el silencio de las y los que se abstuvieron de verter su opinión al respecto.

CONOCE MÁS:

Hasta ahora la cultura nacional sigue siendo de élites: Margarito Cuéllar

—Independientemente del lugar y circunstancia en que lo dijo (¡rodeada de la esposa del gobernador Samuel García, de Movimiento Ciudadano, y de Consuelo Sáizar, presidenta panista del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes durante el calderonismo y actual directora de la Feria del Libro de Monterrey!), Elena Poniatowska declaró que el gobierno obradorista, en pocas palabras, no respeta a la cultura al abandonarla en todos sus rasgos. ¿Opina usted lo mismo, por qué, cuál es el punto nodal de esta fallida, en todo caso, transformación administrativa?

      Margarito Cuéllar, poeta: No coincido con la opinión de Elenita. Con todo el respeto que me merece como narradora, me parece que sus puntos de vista al respecto son más bien complacientes al entorno regio de ese momento. Lo que se ha dado con el gobierno de AMLO es un ajuste en términos administrativos. Los programas culturales de la Federación, sobre todo en lo que tiene que ver con estímulos artísticos, se mantienen vigentes, han afianzado los vínculos estatales y de alguna forma se han incrementado. Quizá donde pudiera haber cierto malestar es en lo referente a los festivales de literatura, donde sí se han visto disminuidos los apoyos y algunos de ellos, el Encuentro de Poetas del Mundo Latino, por ejemplo, han desaparecido. Aunque también habrá que ver que los esquemas de los encuentros y los festivales también deben de actualizarse. Durante años prevaleció la operación de festivales y encuentro a modo y que por lo regular se realizaban sin públicos, salvo excepciones. 

      —¿Por qué cree cierta o errada esta afirmación de Poniatowska, miembro, como bien se sabe, de la férrea mafia intelectual beneficiada enormemente por los regímenes anteriores?

      —Me parece una declaración al vuelo, aunque ciertamente no inocente; aunque sí inconsistente, ya que, por cierto, uno de los programas que no ha desaparecido es el de los creadores eméritos, dentro del Sistema Nacional de Creadores de arte, en el cual Elena Poniatowska es beneficiaria. Yo creo que ha habido ajustes administrativos en todos los rubros, pero hay sesgos cognitivos en este tipo de afirmaciones, sobre todo porque son eso: declaraciones de banqueta, o para quedar bien con determinada élite cultural o simplemente porque se tiene voz. 

      —Si la situación cultural va por mal camino, ¿cuáles son, o serían, los cauces más errados? ¿Qué propondría para enderezar este rumbo?

      —No considero que vaya por mal camino, pero sí considero necesaria una mayor vigilancia en la aplicación de los recursos de la federación en los estados de la República, y sobre todo mayor exigencia de evidencias de resultados en cuanto al impacto comunitario con relación a programas que operan con recursos federales. También creo que hacen falta más programas que vinculen la educación, la cultura y la ciencia como ejes de desarrollo en nuestro país y que organismos como el Fondo de Cultura Económica, aparte de ofrecer libros al alcance de todos, retomen la tradición de actualizar su catálogo con las voces literarias emergentes. También creo que se debe apostar a nivel nacional por programas de sensibilización artística para jóvenes que realmente pongan la cultura al alcance de los mexicanos. Hasta ahora la cultura nacional sigue siendo de élites.  

“Hace falta que organismos como el Fondo de Cultura Económica, aparte de ofrecer libros al alcance de todos, retomen la tradición de actualizar su catálogo con las voces literarias emergentes.”

Las crisis definen prioridades que pueden ir más allá de la vanidad y el ego de individuos o grupos intelectuales y artísticos: José Noé Mercado

—Independientemente del lugar y circunstancia en que lo dijo (¡rodeada de la esposa del gobernador Samuel García, de Movimiento Ciudadano, y de Consuelo Sáizar, presidenta panista del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes durante el calderonismo y actual directora de la Feria del Libro de Monterrey!), Elena Poniatowska declaró que el gobierno obradorista, en pocas palabras, no respeta a la cultura al abandonarla en todos sus rasgos. ¿Opina usted lo mismo, por qué, cuál es el punto nodal de esta fallida, en todo caso, transformación administrativa?

      José Noé Mercado, crítico de música sinfónica y coral: Las palabras de Elena Poniatowska me parece que formulan una declaración relativa que incita a la polémica y al aspaviento más que a valoraciones y análisis concretos. En principio porque habría que saber qué entiende ella por cultura, como si ésta no se tejiera al mismo instante que la humanidad vive en todos sus ámbitos cotidianos y dependiera de lo que haga o no un gobierno para crearla, quererla o abandonarla. Si nos ceñimos al ejercicio presupuestal etiquetado para actividades culturales (y de nuevo me pregunto quién es capaz de decir qué lo es o no, al margen de las bellas artes: el caso es que dicho presupuesto sólo pueden ejercerlo la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Educación), de 2021 a 2022 hubo un incremento bruto de 3.6 por ciento en los recursos de la SC. No obstante, en conjunto hablamos de 19 mil 103 millones de pesos, lo que representa un porcentaje del presupuesto total del gobierno federal del 0.27, mientras que en 2013 era del 0.49, el máximo histórico. En estos años, que incluyen también parte de la administración priista del ex presidente Enrique Peña Nieto, es cierto que se ha perdido presupuesto, pero no es tan sencillo definir que es un abandono. Entre otras razones, porque en buena parte del actual sexenio encabezado por Andrés Manuel López Obrador se atravesó por los numerosos retos de salud y sociales que implicó para la humanidad (y nuestra sociedad, por obvio que parezca, es parte de ella) la mayor pandemia infecciosa en el último siglo y cuyos estragos no sólo se miden mundialmente en millones de decesos, sino múltiples impactos económicos, culturales e incluso anímicos. Las crisis definen prioridades que pueden ir más allá de la vanidad y el ego de individuos o grupos intelectuales y artísticos. De igual forma, una de las plataformas del gobierno obradorista es su apoyo a través de programas sociales a distintos grupos vulnerables de la sociedad, lo que en muchas conciencias puede generar desacuerdo, como si fueran dádivas, despilfarro improductivo o clientelismo electoral, como si atender esas franjas de necesidad fuera en sí mismo una postura indeseable anticultura o como si una beca artística, un estímulo en el ramo cultural o un patrocinio estatal para esas actividades institucionales o freelance no tuvieran también múltiples prismas para ser miradas en esos mismos criterios críticos. Por supuesto que cualquier instancia incluida en ese ejercicio del presupuesto cultural puede aducir disminución de recursos, lo que nos llevaría muchísimo tiempo para una revisión minuciosa de su por qué. Pero no sé si en todo caso pueda concluirse un abandono, como el que estima Elena Poniatowska. Porque, además, dicho abandono parecería más bien el resultado de un protagonismo político, financiero y de egolatría perdido. No un electrocardiograma de la cultura en la sociedad. Esas pérdidas, en el terreno cultural, sí que pueden generar traumas de abandono, lo que a la larga puede generar conductas evitativas, de desapego y rechazo a la figura de autoridad, como lo enseña la psicología contemporánea.      

      —¿Por qué cree cierta o errada esta afirmación de Poniatowska, miembro, como bien se sabe, de la férrea mafia intelectual beneficiada enormemente por los regímenes anteriores?

      —Más que errada, su afirmación, si es genuina, es debatible al nacer de la percepción y la ocurrencia, más que del estricto análisis de los números o, mejor aún, de la realidad y apetencia cultural de la sociedad, que no es una sola, sino un colectivo integrado por numerosas capas, inquietudes y deleites. La cultura, a mi modo de ver, en rigor, es vívida, con numerosos retos y fascinaciones en este siglo 21. Hay grandes temas, artistas, públicos, cronistas y detractores de esa esfera cultural cada vez más inabarcable. La cultura no la percibo abandonada. Por el contrario, nos rebasa en su esplendor, que muy probablemente es distinto al de otras épocas, nos guste o no. La afirmación de Elena Poniatowska, por otro lado, si es el lamento de un grupo que ha perdido privilegios, o que calcula falta de recursos (¿cuántos serían suficientes, si al mismo Wolfgang Amadeus Mozart o Ludwig van Beethoven se los escatimaban, si a esos genios creativos cualquier recurso monetario parecería limitado?) a programas e instituciones es motivo para la reflexión, pero no por su pérdida o percepción individual, sino porque deben explorarse nuevos modelos para la aportación pública de recursos a estas actividades llamadas culturales y preguntarse a cambio de qué se da ese mecanismo y bajo qué criterios. Eso nos lleva a un terreno muy amplio de discusión sobre la utilidad o pertinencia de viejos esquemas, instituciones y artistas, promotores o medios de difusión, desconectados de la realidad contemporánea o de una misión trascendental humanista. ¿Es necesaria una orquesta intérprete de grandes obras musicales de titanes de la historia o de jóvenes talentos que buscan imprimir su huella en el mundo? Probablemente sí. Sin duda sí. Pero y si esa orquesta ofrece temporadas sin público real (porque, claro, siempre hay algún familiar de los instrumentistas dispuesto a ver triunfar al pariente o a la musa), ¿el mecanismo debe seguir siendo el mismo? ¿No debería existir una revisión? Si esos recursos destinados se quedan en las estructuras burocráticas, en las agencias de representación que se coluden con autoridades para granjearse contrataciones, comisionar proyectos o en las canonjías sindicales, en las confortables plazas federales o locales que luego se olvidan de su misión artística o en nuestros talentos que triunfan en México o internacionalmente y, al venir a nuestro país, ven sólo la cultura (o su presupuesto) como un botín, ¿no sería deseable incluso abandonar esa estructura de producción cultural? La afirmación de Elena Poniatowska se reviste de una enorme candidez; es un reproche anecdótico porque es una punta de iceberg que busca que los demás ignoren el iceberg y se centren en la punta. No porque sea ingenua o ignorante.

      —Si la situación cultural va por mal camino, ¿cuáles son, o serían, los cauces más errados? ¿Qué propondría para enderezar este rumbo?

       —Me gustaría centrarme en el ámbito musical y operístico, porque hacerlo desde la generalización es discurrir en los mismos términos de Elena Poniatowska: es decir, desde la punta del iceberg y el privilegio añoso. Nunca he escrito ni hablado desde ahí. Uno de los condicionamientos del estado ruinoso del ámbito sonoro clásico oficial (actividad lírica mínima; salas de concierto en general con déficit de público cuando no se abordan los grandes éxitos comerciales de la música clásica; el desdén del público ante ese medio; la arrogancia vanidosa de quienes pertenecen a esas instituciones y miran a la gente desde su silla o atril con jugosa plaza) es que no hubo cambio de personajes en la administración pública, en sus maneras de operar, en sus objetivos y rendición de cuentas. ¿Para qué van a cambiar, si así ellos tienen éxito y resueltas sus vidas profesionales? ¿Cuál sería el motor para encontrar lo que no funciona en su conexión con la sociedad, si parecería no necesaria ya no digamos una conexión sino incluso todo vínculo? ¿Para qué buscar la autonomía de esas actividades, programaciones o temporadas, si apegadas al pecho gubernamental es como esos grupos cupulares han crecido y se han afianzado a lo largo de los sexenios? Lo errado del cauce de una cuarta transformación en el ámbito musical y operístico es que sus aguas no llegaron a regar estos terrenos, en donde deambulan personajes incluso anticuatroteros, sólo camuflados, oportunistas. Mercenarios que no dirán no si se trata de degustar algún presupuesto público. De cultura.

Elena Poniatowska: “Afirmaciones desde la punta del iceberg y el privilegio añoso.”

Sugiero que se regrese a programas de fomento a la lectura, a la formación de bibliotecas y al apoyo a la cadena del libro: Porfirio Romo

—Independientemente del lugar y circunstancia en que lo dijo (¡rodeada de la esposa del gobernador Samuel García, de Movimiento Ciudadano, y de Consuelo Sáizar, presidenta panista del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes durante el calderonismo y actual directora de la Feria del Libro de Monterrey!), Elena Poniatowska declaró que el gobierno obradorista, en pocas palabras, no respeta a la cultura al abandonarla en todos sus rasgos. ¿Opina usted lo mismo, por qué, cuál es el punto nodal de esta fallida, en todo caso, transformación administrativa?

      Porfirio Romo, fundador de la Editorial Lectorum: En lo relativo a una política pública sobre la difusión del libro y la lectura sí creo que este gobierno ha omitido de forma grave su responsabilidad. Es trabajo del Estado, y de la sociedad civil en conjunto, como pueden lograrse algunos avances, pero la fuerza y la infraestructura para hacerlo posible quedan precisamente del lado del Estado. El esfuerzo educativo se orienta en formar ciudadanos alfabetizados, que sepan leer y escribir. Luego, al dejar la escuela, estos ciudadanos no tienen ningún aliciente para mantener activa la gran cualidad que es el hábito de la lectura. En esto juegan políticas que escamotean presupuestos para la formación de bibliotecas (de aula, de barrio, públicas), pues suponen que los libros son eternos. Y no lo son, por temáticas que se renuevan y porque los objetos, que son los libros, también tienen una vida útil limitada. Y en México hoy es un hecho que el Estado no compra libros para bibliotecas. 

      —¿Por qué cree cierta o errada esta afirmación de Poniatowska, miembro, como bien se sabe, de la férrea mafia intelectual beneficiada enormemente por los regímenes anteriores?

      —Desconozco a qué mafia se refiere esta pregunta, como editor no me consta que haya algún grupo que se junte y conspire contra alguien particularmente, ni veo cómo esta supuesta conjura pueda afectar los poderes y las facultades del Estado en materia de educación y cultura. Creo que la afirmación de que la política actual es errática es cierta y sólo basta ver el horizonte despoblado de programas que inviten a la creación literaria, la escritura, la lectura y la formación de lectores, más allá de los trabajos realizados por el Fondo de Cultura Económica, que no alcanzan a tener resonancia social.

      —Si la situación cultural va por mal camino, ¿cuáles son, o serían, los cauces más errados? ¿Qué propondría para enderezar este rumbo?

      —No tengo elementos para asumir cuáles son los “cauces más errados”, pero sí para sugerir que se regrese a programas de fomento a la lectura, a la formación de bibliotecas y al apoyo a la cadena del libro, que va desde la creación escritural hasta el acceso sencillo a los libros para una amplia mayoría de la población. 

“No tengo elementos para asumir cuáles son los ‘cauces más errados’, pero sí para sugerir que se regrese a programas de fomento a la lectura, a la formación de bibliotecas y al apoyo a la cadena del libro.”

Las mafias suelen ser muy lambisconas y valerse del miedo y el atropello para imponer sus valores: Federico Arana

—Independientemente del lugar y circunstancia en que lo dijo (¡rodeada de la esposa del gobernador Samuel García, de Movimiento Ciudadano, y de Consuelo Sáizar, presidenta panista del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes durante el calderonismo y actual directora de la Feria del Libro de Monterrey!), Elena Poniatowska declaró que el gobierno obradorista, en pocas palabras, no respeta a la cultura al abandonarla en todos sus rasgos. ¿Opina usted lo mismo, por qué, cuál es el punto nodal de esta fallida, en todo caso, transformación administrativa?

      Federico Arana, escritor, músico, dibujante, biólogo, académico: No me parece justo decir que el actual gobierno abandona la cultura y mucho menos en todos sus rasgos. Mal que nos pese, Chico Che y el base ball también son cultura. Pero además hemos de reconocer que este presidente cita lo mismo a Tolstoi que a Leduc, a Serrat o a Cosío Villegas, cosa que representa un avance portentoso si hemos de comparar con acémilas como don Vicente, doña Marta, don Felipe o don Enrique.  

      —¿Por qué cree cierta o errada esta afirmación de Poniatowska, miembro, como bien se sabe, de la férrea mafia intelectual beneficiada enormemente por los regímenes anteriores?

      —Las mafias suelen ser muy lambisconas y valerse del miedo y el atropello para imponer sus valores, repartir prebendas y arropar a los ungidos. Tarea: revisar el caso del imprescindible Luis González de Alba (a quien, por cierto, no tuve el gusto de conocer).

      —Si la situación cultural va por mal camino, cuáles son, o serían, los cauces más errados? ¿Qué propondría para enderezar este rumbo?

      —Hubo un tiempo en que fui Jefe del Departamento de Promoción y Difusión Cultural del Colegio de Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, cargo de nombre tan largo y tan sin sustancia que no provocaba más que letargo y huidas en mis interlocutores, de ahí mi incapacidad para responder esta pregunta. De todos modos, quiero decir que me adhiero a la prédica zaidiana de que los escritores deben dejar de agacharse o suspirar por becas y canonjías para disponerse a pasar hambres y ponerse a trabajar en lo suyo. Sin embargo, no estaría mal que el Estado metiera en cintura a todas esas sanguijuelas que pululan por las casas editoriales.

“Mal que nos pese, Chico Che y el base ball también son cultura.”

La cultura de nuestro país es tan grande que no alcanza para todos: Rossi Blengio

—Independientemente del lugar y circunstancia en que lo dijo (¡rodeada de la esposa del gobernador Samuel García, de Movimiento Ciudadano, y de Consuelo Sáizar, presidenta panista del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes durante el calderonismo y actual directora de la Feria del Libro de Monterrey!), Elena Poniatowska declaró que el gobierno obradorista, en pocas palabras, no respeta a la cultura al abandonarla en todos sus rasgos. ¿Opina usted lo mismo, por qué, cuál es el punto nodal de esta fallida, en todo caso, transformación administrativa?

      Rossi Blengio, directora del portal cultural Eusebia:  El punto nodal de la fallida transformación administrativa lo desconozco, pero puedo decir que hay luces y sombras. La capacidad de los encargados en este sexenio para abonar en un campo tan vasto como es el cultural, y tener a todos contentos, debe ser cuantiosa porque  la sensibilidad, la imaginación y el conocimiento, y hasta la buena voluntad, no son suficientes cuando se obedece a lineamientos y compromisos. El proyecto de “Chapultepec, Naturaleza y Cultura” es ambicioso y el Centro Cultural Los Pinos ha sido exitoso, pero lo cierto es que Gabriel Orozco no es el único artista plástico en México. Cuando se habla de legislación cultural es un tanto pretencioso, porque el fenómeno de la cultura en sí mismo es ilegislable. Las leyes mismas son productos culturales, el Estado mismo es una obra de la cultura y todas las instituciones en las que nos movemos son creaciones culturales de la sociedad. En ese sentido no puede haber legislación que legisle, valga la redundancia, la cultura. Ahora, partiendo de la complejidad que es la cultura, no existe Estado en el mundo que no use a la cultura para legitimarse. Estas ideas las retomo de una conversación con el doctor Bolfy Cottom, quien cita al antropólogo brasileño Darcy Ribeyro sobre el tema de derechos culturales, cuya ley en la Ciudad de México fue aprobada en diciembre de 2017. La Secretaría de Cultura tiene apenas siete años de haber sido creada como tal. “Para que los bienes y servicios culturales que el Estado presta sean accesibles a la gente, primero hay que resolver sus problemas prioritarios porque si eso no se atiende no hay manera de que todo el trabajo de las instituciones culturales redunde en beneficio de la población y sólo quedamos como en una especie de anecdotario cultural, pues en ello no hay formación del ser humano y del ciudadano y sólo se siguen alimentando espacios elitistas y de consumo”,  comentó en su momento Cottom. El ocio, en gran medida, es un ideal de la práctica del turismo, porque éste no sólo nace a partir de que hay mayores recursos sino que del tiempo libre surge el ocio; eso implica que los trabajadores tengan derecho a descansar, a un salario digno para vivir y que el ocio, a fin de cuentas, no sólo es un vicio sino que brinda la posibilidad de que el ser humano se recree como tal. En ese sentido, la cultura juega un papel muy importante en términos de aportarle elementos y valores para que ese descanso, ese ocio, se vuelva creativo y tenga una proyección más allá de la parte individual.

      —¿Por qué cree cierta o errada esta afirmación de Poniatowska, miembro, como bien se sabe, de la férrea mafia intelectual beneficiada enormemente por los regímenes anteriores?

      —Aquí recuerdo un poema de Lina Zerón en el que señala que vivimos en un país tan grande que la justicia no alcanza para todos, pienso que lo referido por Elenita Poniatowska tiene que ver con esta idea: la cultura de nuestro país es tan grande que no alcanza para todos. Estoy de acuerdo con Poniatowska en que escritores como ella son referentes para la juventud y deberían valorarse las trayectorias de todos los creadores en su etapa de adultos mayores, no sólo la de ella. Además, los encargados de la cultura en el país tendrían que voltear a ver las necesidades de esta población de artistas y no sólo convocar y resarcir el pasado colonialista de México. Es atinado que los libros lleguen a las comunidades lejanas y que obras de un Juan Villoro, por ejemplo, estén siendo accesibles en esos lugares olvidados a través de los programas del Fondo de Cultura como la llamada “Guelaguetza de la Lectura”. Lo desafortunado es que en su catálogo de escritores involucrados en la cultura del país no son todos los que están ni están todos los que son. Recientemente se llevó a cabo el Mondiacult 2022 en México, un encuentro pluricultural en el que convivieron distintas personalidades del ámbito cultural internacional, y para la inauguración la historiadora Beatriz Gutiérrez Muller, presidenta honoraria del Consejo Asesor de Memoria Histórica y Cultural de México, asistió en representación del presidente Andrés Manuel López Obrador. Uno de los eslóganes  fue: “La Cultura como motor de desarrollo”, y se indicó, con datos de la Unesco, que el sector cultural y creativo es uno de los más potentes del mundo y supone más de 48 millones de puestos de trabajo, de los cuales casi la mitad están ocupados por mujeres. El funcionario cultural Eduardo Vázquez Martín, durante su participación, se refirió a la cultura como una fiesta de la diversidad: “El trabajo institucional es siempre colectivo y la riqueza de las instituciones es más fecunda en la medida en que los liderazgos convocan en lugar de excluir”. Pienso que eso es lo correcto, una fiesta en la que todos podríamos ser invitados.

      —Si la situación cultural va por mal camino, cuáles son, o serían, los cauces más errados? ¿Qué propondría para enderezar este rumbo?

      —Todos quisiéramos tener una respuesta para resolver errores o señalarlos. Trabajé como directora de comercialización del periódico cultural La Digna Metáfora que suspendió su circulación por falta de fondos en su primera época, su tiempo de vida fueron dos años gracias a la venta de publicidad pagada por algunas instituciones culturales, pocas por cierto; la iniciativa privada no pagaba inserciones a medios que no tuvieran más de dos años circulando. El caso es que su director Víctor Roura se encontró, tiempo después de haber terminado el proyecto, con Miguel Ángel Pineda, ex director de Comunicación Social de la Secretaría de Cultura, quien le comentó: “Nosotros por lo menos te dimos algo, estos no te han dado ni mierda (…)” Es algo que platica Roura y fue verdad, porque cuando se retomó el proyecto, en su segunda etapa en 2019, le presenté a Jesús Ramírez Cuevas La Digna Metáfora y, tras mi insistencia, me dijo amablemente que fuera a la Secretaría de Hacienda. Pero no hubo eco ni apoyo para un proyecto cultural independiente, es una especie de abandono a la cultura dejar morir al único periódico cultural de óptima factura en México. 

“No hubo eco ni apoyo para un proyecto cultural independiente (La Digna Metáfora), es una especie de abandono a la cultura dejar morir al único periódico cultural de óptima factura en México.” 

Si no nos enseñan en casa ni a respetarnos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a respetar a los demás?: Antonio Luquín

Antonio Luquín, artista plástico y músico: Me gustaría, para responder tus cuestionamientos, referirte una anécdota que me marcó y que aclara las tres preguntas de raíz.

      “Cuando cursaba primero de secundaria, un profesor nos invitó el primer día de clases a que nos presentásemos y, si deseábamos, ejecutáramos algo que nos pudiese identificar mejor frente a los demás compañeros. Hubo el que sólo pronunció tímidamente su nombre, edad y procedencia hasta el que cantó o contó algún chiste. Un simpático Mejillitas (ya le habían puesto apodo), cantó “La suegra” (señores tengo un problema…), una tonada popular entonces por la que fue más o menos celebrado en el momento, pero que a lo largo del año lo anatematizó como bufón o algo similar y, al final, Alejandra, una espigada y bien formada adolescente, se animó y dijo que ella estudiaba ballet, por lo que iba a ejecutar para nosotros unos pasos acompañándose vocalmente de un fragmento de “El cascanueces”. Así, pues, comenzó tarareando la pieza y se lanzó con enorme gracia y desenvoltura tratando de hacer rendir el limitado espacio de la tarima junto al escritorio. No llevaba tres segundos bailando cuando la mitad del grupo explotó en una sonora carcajada burlesca. Alejandra, desconcertada, replegó su cuerpo de gacela y literalmente se enconchó para protegerse del escarnio como una cochinilla y regresó llorando a su pupitre. El daño estaba hecho.

      “Si la mitad de un salón se burla porque no entiende lo que hacemos, el problema es la falta de educación y el respeto que de ella se deriva. El respeto sería, pues, el punto nodal de la cuestión que nos ocupa. Si no nos enseñan en casa ni a respetarnos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a respetar a los demás? ¿Cómo va un gobierno, el que sea, a fomentar la cultura y el arte si no se ha dejado impregnar el hombre de su lado femenino? Un mundo gobernado por hombres, gobernados a su vez por atributos única y exclusivamente masculinos, se conoce por sus obras. ¡México necesita pedirle perdón a Alejandra ya! De lo contrario estamos perdidos”.

Alejandra, desconcertada, replegó su cuerpo de gacela y literalmente se enconchó para protegerse del escarnio como una cochinilla y regresó llorando a su pupitre.”

Es sano que lleguen nuevas ideas y otros protagonistas: Vicente Francisco Torres

Vicente Francisco Torres, crítico literario y profesor de la UAM Azcapotzalco: Me extraña que la escritora Elena Ponatowska, a quien el presidente Andrés Manuel López Obrador siempre se refiere con cariño y la llama Elenita, diga esto de las actividades que emprende una de las instituciones del gobierno que está transformando la vida política del país. Puede que haya errores en estos meses iniciales del cambio, pero es sano que lleguen nuevas ideas y otros protagonistas. Junto a todos sus logros, los probables desaciertos del nuevo gobierno son cosa menuda y hay que valorar todas las cosas buenas que van llegando. Si la escritora ve algo equivocado, que lo señale para que tenga respuesta. Parece que los panistas se han refugiado en Nuevo León como antes sucedió en Tamaulipas. Siempre encontrarán dónde medrar, aunque sea en un estado gobernado por Movimiento Ciudadano, tan corrupto o más que el PAN.

Nunca la promoción estatal de la cultura ha estado peor: Juan Villoro

Juan Villoro, literato, nos envía estas líneas de un artículo suyo que publicara hace ya bastante tiempo en el diario Reforma el cual, asegura, aún consigna sus certezas sobre el cuestionado tema: Nunca la promoción estatal de la cultura ha estado peor. Más allá de la simpatía que muchos tenemos por Alejandra Frausto, titular del ramo que se desempeñó con éxito en Culturas Populares, sus años al frente de la Secretaría han estado marcados por los escándalos y la inoperancia. Lo sucedido debería ser narrado por Jorge Ibargüengoitia.

      “En 2019, Cultura informó que el 4 de febrero era día festivo porque se celebraba la Batalla de Puebla; no tenían presente lo que en verdad conmemora esa fecha: la Constitución que los funcionarios deben observar. Dos meses después, Bellas Artes permitió que Naason Joaquín García, líder de la iglesia evangélica La Luz del Mundo, celebrara ahí sus 50 años. Por primera vez, el recinto puso en entredicho su condición laica. Además, el homenajeado tenía expediente delictivo: al poco tiempo fue detenido en Los Ángeles por abuso sexual infantil, trata de personas y otros cargos. Ese mismo mes, las plicas de los premios literarios de Novela José Rubén Romero, de Cuento Infantil Juan de la Cabada y de Cuento Amparo Dávila fueron vulneradas, algo que nunca había sucedido. El carnaval de los despropósitos no se detuvo. En junio, movida por el afán de presentar, finalmente, un logro, la Secretaría dio a conocer una grabación inédita de Frida Kahlo. La población escuchó una voz melodramática, difícil de asociar con la pintora, que en realidad pertenecía a la actriz Amparo Garrido. 

      “… Luego está la desaparición de un fideicomiso decisivo como el Fonca y la disminución de apoyo a Efiartes. El Fonca tenía sesgos criticables como favorecer a un núcleo de privilegiados, y Efiartes depende de los intermediarios que consiguen el recurso y no siempre reparten bien lo que le corresponde a los creadores. Sin embargo, más allá de esas perfectibles limitaciones, se necesitan apoyos como el Fonca y Efiartes. ¿Qué se ha hecho para remediar el vacío? La respuesta está en el aire.

      “El contexto, de por sí difícil, se agravó con la pandemia. La debilidad de la Secretaría de Cultura es evidente, pero esto no la exime de sus propios errores.

      “Lo más preocupante es que, ya que no pueden hacer mucho, ciertos funcionarios están dispuestos a impedir que otros lo hagan. El Universal publicó la filtración de un chat que reunió a varios empleados de alto nivel con el propósito de “desactivar” a colectivos culturales como No Vivimos del Aplauso, Movimiento Colectivo para le Cultura y el Arte de México y la Asamblea de Culturas. Se trata de un imperdonable atentado a quienes de manera democrática y en condiciones muy adversas luchan por ejercer el arte y la cultura. Incapaces de promover a los creadores, los funcionarios quieren impedir que hagan ruido.

      “La Secretaría de Cultura informó que Alejandra Frausto no conocía esa trama y que sus subordinados actuaron por cuenta propia. Eso la exime de haber participado en un sabotaje a la sociedad civil, pero habla pésimo de su equipo y merece una respuesta superior a la de yo no sabía nada”.

“Más allá de la simpatía que muchos tenemos por Alejandra Frausto, sus años al frente de la Secretaría (de Cultura) han estado marcados por los escándalos y la inoperancia.”

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX

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Last modified: 6 noviembre, 2022Tomado de https://lalupa.mx/