Capitalismo, responsable de la explotación laboral infantil: Ruiz Serrano

Capitalismo, responsable de la explotación laboral infantil: Ruiz Serrano

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La explotación laboral infantil es una consecuencia del sistema capitalista, señala la doctora Gabriela Ruiz Serrano. Ello, porque la precarización de las condiciones de vida de las familias obliga a que los hijos, desde temprana edad, trabajen como una estrategia de supervivencia. No obstante, la investigadora de la UNAM expone que no todo el trabajo infantil implica afectación al desarrollo biopsicosocial y cultural de los niños, niñas y adolescentes. Éste sólo es nocivo cuando explota a los infantes

El desarrollo biopsicosocial y cultural no siempre se vulnera en menores de edad que trabajan, señala la doctora Gabriela Ruiz Serrano. “Esta experiencia donde niñas y niños se incorporan al trabajo infantil, per sé, no es nocivo; cuando se vuelve un problema real es cuando atenta contra el desarrollo de niñas y niños”, agrega la especialista en trata de personas y afectación contra menores de edad receptores de violencia en contextos de desigualdad, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En el marco del Día Mundial contra el Trabajo Infantil –que se conmemora cada 12 de junio–, la doctora aclara que hay que distinguir entre trabajo infantil y explotación laboral infantil. Esta diferencia ayudaría a no criminalizar a las familias que viven en contextos vulnerables y se ven obligadas a recurrir al trabajo infantil.

FOTO: ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO.COM

Asimismo, señala que el problema de la explotación laboral infantil es una consecuencia del sistema económico capitalista, puesto que la acumulación del capital y el crecimiento económico genera una serie de dinámicas que contribuyen a la precarización de las condiciones de vida de las familias. Este contexto tiene un impacto directo en la prevalencia del trabajo infantil, puesto que los hijos se ven obligados a trabajar como una estrategia de supervivencia.

“Las condiciones de desigualdad se acentúan frente a un sistema capitalista y afecta directamente a niñas y niños, el papel que juega el modelo económico en una condición de cosificación y mercantilización de infancias perpetua la idea del uso del trabajo infantil como un espacio lucrativo. La perversión que se vive a manos del capitalismo promueve las disparidades”, afirma la doctora Ruiz Serrano.

En 2022, en México 3.7 millones de menores de edad participaron en actividades laborales, según el Inegi. Una situación agravada por la desigualdad de estructuras socioeconómicas que perpetúan esta problemática.

Y aunque las instituciones especializadas en la defensa de los derechos humanos de la infancia y adolescencias atribuyen el contexto de trabajo infantil como actividades que comprometen el ejercicio de derechos de niñas, niños y adolescentes, la doctora Ruiz Serrano observa que sí existe una diferencia frente a la explotación laboral infantil con fines de trata de personas.

En México hay un aproximado de 38 millones de menores de edad, de los cuales la mitad vive en condiciones de pobreza, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda realizado en 2020. Otro dato relevante de esa estadística es que nueve de cada 10 infantes que viven en un contexto indígena no puede satisfacer sus necesidades básicas, lo que también significa una vulneración de sus derechos para un desarrollo integral, que atraviesa su contexto social y comunitario.

“Se han recrudecido estas condiciones de desigualdad. Hoy vivimos una condición de descomposición del tejido social que lleva al desarrollo de estos escenarios, y las condiciones históricas han favorecido la explotación que no tiene que ver con un tema de familia –es importante aclararlo–, tiene que ver con una estructura donde la impunidad, el crimen organizado, las desigualdades son el campo de cultivo para que esto suceda”, indica la investigadora Ruiz Serrano, adscrita a la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.

Agrega que la explotación laboral infantil no es un problema aislado. Su combate requiere generar condiciones laborales que sean justas para las familias, para que esto les permita tener mejores condiciones materiales e instrumentales para asumir el cuidado como una prioridad. Esto, indica, ayudaría a inhibir el trabajo infantil.

“El sector empresarial tendría que generar condiciones más justas para tener una distribución equitativa de la riqueza. Debe generar condiciones adecuadas para que las personas puedan dedicar tiempo y espacio al cuidado y crianza de los menores de edad. Asimismo, hay que reconocer qué características tienen las diferentes legislaciones en materia de trabajo infantil, los lineamientos que deben de tener y, entonces, como una acción de corresponsabilidad, el sector privado debe promover acciones mucho más justas para todos sus empleados”, asegura Ruiz Serrano.

FOTO: ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO.COM

La doctora señala que las prácticas culturales como el adultocentrismo –es decir, las relaciones desiguales entre las personas adultas que tienen el poder para configurar el mundo a partir de sus necesidades y sólo a través de su visión, contra las infancias, adolescencias y vejeces– también favorecen las condiciones de explotación laboral de los menores de edad, puesto que es un modelo de violencia que afecta los derechos humanos básicos de estos grupos y perpetúa modelos de autoritarismo.

“El adultocentrismo es una violencia de carácter estructural que generalmente no se mira, pero que favorece la prevalencia de esta problemática. Este modelo hace creer a las personas adultas que pueden ejercer su poder y utilizar a las niñas y niños porque apenas están en desarrollo, porque no han adquirido una ciudadanía y están a la espera de la vida adulta. Encarnado en la cultura, esto promueve prácticas adultistas, donde la creencia de que las infancias son incapaces está arraigada y favorece que el mundo adulto ejerza violencia hacia los menores de edad”.

FOTO: DAVID POLO /CUARTOSCURO.COM

Ante esta problemática, la doctora Ruiz Serrano señala que para cambiar estas condiciones es necesario trabajar en dos direcciones: incidir desde la academia para que el conocimiento se ponga al servicio de la sociedad, además de generar puentes de diálogo entre estudiantes y académicos; y, dos, romper la perspectiva adultocéntrica.

“Tenemos que hacerle una grieta a la pared y dejar de ver a estos niños y niñas como seres en la espera de la vida adulta. Ellos y ellas existen aquí en el ahora y tienen una capacidad de infancia, son actores sociales, políticos y productores de cultura. Es la única manera que tenemos para resignificar las condiciones de maltrato.”

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