abril 18, 2021

Cambiar la Constitución

Las transformaciones que antecedieron al cambio de régimen que hoy estamos viviendo, supusieron la creación y cambio de normas que se ajustaron a la realidad del país y hoy no podría ser la excepción. De los enunciados de Morelos en Los...

Las transformaciones que antecedieron al cambio de régimen que hoy estamos viviendo, supusieron la creación y cambio de normas que se ajustaron a la realidad del país y hoy no podría ser la excepción. 

De los enunciados de Morelos en Los sentimientos de la nación, hasta el pronunciamiento del Plan de San Luis se traza un recorrido en busca de la legitimidad y la legalidad entre 1810 y 1910. 

En ese año, ya entrado el Siglo XX, Francisco I. Madero señalaba que la Constitución no podía seguir siendo letra muerta, que había que respetarla y hacerla funcionar.

Madero declaraba en el Plan de San Luis, la vigencia de la Constitución de 1857 y leyes emanadas. 

Llamó a las armas debido a la cerrazón e intolerancia del régimen de Porfirio Díaz pero con la conciencia, de que se trataba justamente de hacer respetar las leyes y que el camino de la legalidad y la justicia era el indicado. 

Llamaba pues a fundar un nuevo orden legal como nación. Hoy no puede ser la excepción.

La llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador supone un cambio de Constitución que, para muchos juristas (me incluyo), es necesario para materializar el cambio de régimen. 

Que sólo quede en el texto el pensamiento liberal y de justicia de aquellos que han luchado del lado de los oprimidos y de las clases más desprotegidas donde el interés colectivo y general, sea el santo grial del poder soberano. ¿Por qué exceptuarnos de aquellos ejemplos?

Así entonces, quien manda es el pueblo organizado cuyo imperio se formaliza en el artículo 39 Constitucional que indica que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. 

Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. 

El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Ante la discusión nacional de la independencia judicial y la división de poderes (que no está en discusión salvo quienes al amparo del poder judicial quieren seguir sirviendo al viejo régimen), es requisito sine quan non consultar a los mexicanos si debemos cambiar la constitución vigente pues hay muchos articulados que se contraponen contra el interés general del pueblo sin olvidar, que este es el depositario del poder y por tanto facultado para cambiar todo lo que va en contra de su interés legítimo junto con sus instituciones. 

Cambiar el INE por ejemplo…

El neoliberalismo centra su razón de ser en el mercado en el cual, todos compiten por ganancias dentro de un capitalismo feroz. 

La reforma energética por la que empresas lucrativas se han estado amparando y donde jueces han visto por intereses particulares y no colectivos, nos colocan para demandar el cambio de Constitución y de la Ley de amparo. 

Hay que recordarles que terminó “acá los que mandan y allá los que obedecen”. 

La ofensa y la vociferación por parte de aquellos que ven “trastocados” sus intereses, son elogio y caricias para que la cuarta transformación no retroceda contra los ignominiosos y corruptos. No les ha caído el veinte que se manda obedeciendo. 

Urge un patriotismo contestatario a los poderes de la Unión para que sepan que todo lo que esté en contra del ciudadano, tendrá una reacción de cambio, pues las instituciones no pueden seguir con la inercia del pasado. 

El pueblo pone y el pueblo quita. 

Cambiar nuestra forma de gobierno es derecho y obligación en tiempos de transformación.

@cuauhtecarmona

#Sonora #Expresion-Sonora.com Tomado de http://milenio.com/

A %d blogueros les gusta esto: