abril 19, 2021

C. Tangana: “En España no reivindicamos muchas cosas porque tenemos un complejo cultural estúpido”

El cantante culmina su transición desde el reguetón y el trap hacia la canción española con 'El madrileño'. Leer#Sonora #Expresion-Sonora.com Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Entrevista
BAJO REGISTRO

Actualizado
Jueves,
25
febrero
2021

01:55

El cantante culmina su transición desde el reguetón y el trap hacia la canción española con ‘El madrileño’, un ambicioso álbum en el que reivindica la iconografía castiza y se acompaña de un sinfín de colaboradores

C. Tangana, este miércoles en Madrid-

C. Tangana, este miércoles en Madrid-
JAVI MARTÍNEZ

En la suite 2028 del Hotel Riu Plaza de España, C. Tangana habla afable mientras unta mantequilla en una tostada. Dolce &Gabbana de arriba abajo. «No soy tan macarra como piensa mucha gente», dice relajado, «soy un chaval normal que iba al colegio en Plaza Elíptica y que vivía en Puerta del Ángel». Desde la terraza de la habitación probablemente se pueda ver el bloque en el que creció con sus padres, al otro lado del Manzanares.
El rapero madrileño de 30 años alcanzó fama mundial como

artista urbano pero, desde 2018,

ha ido alejándose del reguetón y el trap

para orientar su estilo hacia sonidos más tradicionales.
Ahora la rumba y la música caribeña son los elementos principales de

El madrileño

, álbum del que ya ha adelantado siete de sus 14 canciones. En ellas intenta cuadrar todos los círculos: ritmos enraizados en el pasado y sonido electrónico actual, música españolísima pero muy latina y con proyección internacional, letras que puedan tararear tanto su base de seguidores jóvenes como públicos más mayores, composiciones tradicionales y algunas decisiones inusuales de estructura, y un amplísimo plantel de invitados que están para aportar, no de pegote: Kiko Veneno, Jorge Drexler, Gipsy Kings, Andrés Calamaro, Niño de Elche, La Húngara y las leyendas latinas José Feliciano, Eliades Ochoa y Toquinho. Antes de que salga a la venta mañana,

El madrileño

ya es uno de los discos del año en España

.

Reivindicas una iconografía y un sonido muy españoles, que muchos describen como ‘casposos’. Pasos de Semana Santa, la rumba, el casticismo… ¿Lo más moderno ahora es subvertir esa imagen negativa y recuperar la España cañí?

Culturalmente uno nace donde nace. Todo lo que reivindico en el disco a son cosas que he vivido y que me han sucedido. Un artista lo que tiene que tener es una perspectiva única y original: que nadie más pueda hacer lo que él hace. Esa garantía de calidad también la puedes lograr haciendo un constructo de quién eres, con una perspectiva súper compleja, pero los artistas intuitivos como yo lo mejor que podemos hacer es ser fieles a lo que somos, y de ese modo ser originales. En general, en la cultura en España hay muchas más cosas que no reivindicamos porque tenemos un complejo cultural estúpido, que además lo usamos mal porque luego somos súper arrogantes con América Latina. Creo que deberíamos invertir el balance, poner América Latina mucho más arriba, que además están mucho más cerca de nosotros, darles el valor que tienen, y dejar de acomplejarnos con EEUU, que tienen siete años de historia cultural.

¿España es aún un país acomplejado?

España es un país acomplejado con su cultura pero luego es un chulito con la cultura iberoamericana, y no tiene sentido. En la industria musical hemos sido muy prepotentes, creíamos que íbamos a producir un cantante y que todo el mundo en México se tenía que volver loco. Eso sí que es rancio, mucho más que un bar cañí, una mantilla o un pasodoble.

En ‘El madrileño’ suenan ritmos latinos como los que nuestros abuelos bailaban en las salas de fiesta. Igual que antes se bailaba el son, la salsa o el bolero ahora los jóvenes bailan reguetón.

Sí, eso es. Yo iba camino de pasar a la historia como un reguetonero o como un trapero, y lucho por todos los medios para ser algo más y no quedar encasillado en un género. Tenemos muchos lazos con la cultura latina.

¿Qué es ser madrileño?

Aparte de lo más conocido de poder ser más chulos y más ambiciosos, hay valores como ser una gente muy despierta que está acostumbrada a vivir con personas de otros sitios y para las que Madrid supone algo importante. Es lo que pasó con la gente que vino de la inmigración del campo hace 50 años, o la gente que viene a intentar triunfar, los que vienen a estudiar de jóvenes, los gays, maricas,

trans

y

queers

que salían de los pueblos y venían a Madrid… Ese es el tipo de ciudad que es Madrid para España. Es cierto que no hemos cuidado lo cultural tan bien como Barcelona, pero tenemos otra parte de haber estado obligados a buscarnos la vida.

¿Te duele cuando se habla de manera peyorativa de Madrid y de los madrileños?

Creo que en general Madrid no se ha esforzado por ser reivindicable. Ha sido muy difícil reivindicar Madrid. Por otro lado, la asociación política que se hace me parece un error, y nadie vive eso aquí. Yo tengo un vínculo con la música y con la cultura catalanas increíbles, desde hace muchísimo tiempo, desde Cálido Home, que era un grupo de una amiga mía, pasando por la rumba catalana, Refree, Rosalía…

¿En España hay normalidad democrática?

No sé ni lo que es normalidad democrática, como para saber si la hay. Yo no creo en la democracia representativa; ha servido, pero hay que buscar algo nuevo, porque es un sistema que nos obliga a enfrentarnos, y creo que en la base de la democracia representativa hay una cesión del poder que beneficia a la gente que tiene el poder, que ya lo tenía y que probablemente lo seguirá teniendo. Pero hay que definir qué es normalidad democrática.

¿Tu percepción cuál es?

¿Pero qué es normalidad democrática? ¿La Ley D’Hont es normalidad democrática? ¿La ley que hace que cada voto no valga uno sino que depende de la comunidad autónoma para la representación en el Parlamento? O sea, esto en otros sitios no es lo normal. Para los griegos la normalidad democrática era que votaran los que tenían propiedades, así que ni las mujeres ni los esclavos votaban. Pero ahora de repente tenemos una palabra que nos permite otro enfrentamiento más. Vamos a juzgar a los de un lado y vamos a juzgar a los de otro y sin tener ni puta idea de lo que significa normalidad democrática vamos a enfrentarnos un poco más y a enfadarnos.

Hay mucha rumba en el disco. ¿Qué aporta la rumba a tu música?

La rumba es un género que se comprende internacionalmente, todo el mundo entiende a Gipsy Kings y el ritmo 4 por 4. Es un puente hacia otros países con una identidad muy española. Aparte de que me gusta muchísimo y que El Pescaílla es uno de mis artistas favoritos de toda la historia y de todos los lugares del mundo.

Es una música en general desdeñada por la ‘alta cultura’, despreciada como hortera y macarra. ¿Es un problema de clasismo?

Sí, sí, desde luego. Para mí cuando se empieza a hablar de arte es como sacralizar un oficio muy desarrollado. A partir de ahí hay una separación y el arte ya no se reconecta con la vida real. Incluso desde las vanguardias la peña ya no sabe qué es cultura y qué no. Siempre ha habido una tendencia a separar lo que

realmente

es arte, como una forma de hacer pureza: «Esto sí que es de verdad y lo otro es una mierdecilla». Yo siempre he considerado que la cultura es mucho más amplia de lo que las élites intelectuales pretenden hacer creer, y que lo que es más intuitivo y popular es mucho más rico e increíble. También es una excusa que me doy a mí mismo porque yo vengo de lo intuitivo y de lo rápido.

Que eres un macarra y te ves identificado con todo eso, vamos.

Bueno, sí, tampoco soy tan macarra como piensa mucha gente, soy un chaval normal que iba al colegio en Plaza Elíptica, que vivía en Puerta del Ángel y que creo que puedo entrar en los museos y que no me hace falta una carrera de siete años ni poner la cara

así

todo el rato para entender el posmodernismo ni para hacer una música de calidad que pueda perdurar.

Hace unos días escribiste en redes sociales: “‘El madrileño’ va de escribir cosas importantes con palabras corrientes”. ¿Esa era la idea central de esta etapa de canciones?

Es una idea de la que parto siempre y que me lleva acompañando desde hace mucho tiempo. Las canciones populares y la canción como género viene de las coplillas que la gente era capaz de recordar sin escribirlas, y que se pasaban de unos a otros, y para poder recordarlas se usaban métricas sencillas, por lo general octosílabos o cuartetas. Y lo mejor para que la gente recuerde una canción es decir algo emocionante y que te llegue y que sea sorprendente, pero decirlo de una forma sencilla. Eso me viene también de Borges, que decía que Joyce era un escritor fracasado porque no conseguía hablar desde la emoción, que era todo técnica y retórica. Más vale sencillo y bonito que complicarse.

¿Por qué crees que le das tanta importancia a que la música sea popular?

Viene de siempre, es la música que siempre me acaba gustando. Me gustan todos los géneros, he investigado, pero al final lo que más me gusta son las canciones, los compositores. De lo que ponía mi padre me quedaba con Antonio Flores, Bob Dylan… era mi movida, no me gustaba mucho ni la cosa experimental ni complicada.

Proyectas una imagen de canalla, de gamberro, como de tío con el que la gente se iría de fiesta o incluso a la cama…

(Ríe)

– …pero también eres un empollón, dedicas muchas horas a trabajar en la música. ¿Lo que escuchamos es solo la punta del iceberg de todo ese trabajo?

Las canciones que se conocen son solo un poco de todo lo que he hecho en el estudio en los dos últimos años, sí. Realmente más que empollar es una intuición. Todas las cosas que sé es porque alguien me las ha dicho cuando ha venido al estudio y me las ha visto hacer. Drexler fue quien me dijo que yo escribía como se hacía en el romancero, yo no era consciente. Son cosas que la gente me va enseñando, con Eliades Ochoa he aprendido mucho, con Calamaro también. Yo no sabía que me gustaba la canción popular, a mí eso me lo dijo Kiko Veneno: “Lo que estás haciendo es un compendio de la canción popular”. Y yo: “¿qué es eso?”. “Pues sí, mira, esto y esto…”, y uno va aprendiendo.

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