febrero 24, 2021

Balacera en Andares: el triunfo del crimen organizado y la derrota de Alfaro

La multitud de crímenes acusa ineptitud cuando el estado se debilita o perece. Jean-Jacques Rousseau. El contrato social El día de ayer, lunes 8 de febrero del 2021, se desató una balacera en los alrededores de la zona de Andares, en...

La multitud de crímenes acusa ineptitud cuando el estado se debilita o perece.

Jean-Jacques Rousseau. El contrato social

El día de ayer, lunes 8 de febrero del 2021, se desató una balacera en los alrededores de la zona de Andares, en Zapopan, Jalisco. ¿La causa? El presunto secuestro de una persona. Lo cual dejó un saldo de varios heridos y un fallecido. A través de redes sociales circularon videos que muestran por lo menos tres vehículos de donde salen sujetos que portaban armas. También se dio a conocer un video del interior del restaurante en donde se localizaba el objetivo de este grupo.

Las escenas ponen de manifiesto, una vez más, la osadía con la que operan los criminales. A la luz del día, en una zona concurrida de uno de los municipios más importantes del país, circulan libremente. Pese a las cámaras, la vigilancia policial y el discurso triunfalista de los gobernantes, es bien sabido que en Jalisco el crimen organizado es poderoso. Apenas a mes y medio del asesinato del exgobernador Aristóteles Sandoval, un nuevo hecho hace mella en la administración de Enrique Alfaro.

La violencia en Jalisco, como es costumbre, se encuentra en un nivel crítico. Hay que recordar que el fin de semana del 29 al 31 de enero se registraron más de 30 asesinatos. Y el hallazgo de fosas clandestinas continúa siendo alarmante. El crimen organizado es un poder que en fuerza y disposición compite y hasta supera al Estado. La derrota del acontecimiento de ayer no son los heridos, la privación de la libertad y el muerto, es todo lo que hay detrás. Lo que hace posible que algo de tal magnitud sea posible. Es el poderío de los delincuentes. Cobijados por la impunidad, la corrupción y la incompetencia, han crecido hasta ser los amos y señores de territorios enteros.

Está claro que esto no es exclusivo de Jalisco y que tampoco es nuevo. México se halla hundido en una situación pavorosa. Y es más pavoroso reconocer que nos hemos acostumbrado a ello. La cotidianidad se ha tejido entre masacres, atentados y demás. Las demostraciones de violencia más excesivas son parte de una realidad en la que avanzamos sin mayor remedio.

Enrique Alfaro es un personaje mediático. Un gobernador que desea posicionarse como contrapeso de la federación. Situarse en la discusión pública para que tal vez, en un futuro no muy lejano, pueda competir por la presidencia. Terminó el día lunes sin dar la cara. El 3 de febrero publicó, por medio de su cuenta oficial, que la incidencia delictiva en Jalisco va a la baja. Mostró cifras que señalaban una importante reducción en los delitos que se cometen en el estado y blandió el argumento de que “los números no mienten”. No obstante, esta realidad numérica se contrapone a la realidad de numerosas personas. A la de los medios de comunicación, a la del amigo o familiar que fue asaltado. A las publicaciones de automóviles robados. A la de los vecinos que escuchan detonaciones durante la semana. Es probable que estas cifras sean un indicador engañoso ante un presente apabullante. Más cuando hay evidencia del descaro y de la fuerza del crimen organizado. Más cuando sujetos con chalecos antibalas y armas largas, andan en coches un lunes por la tarde en una zona comercial.

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