‘Ama’ y ‘Karnawal’ deslumbran en el arranque del Festival de Málaga

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Actualizado Viernes,
4
junio
2021

17:22

Los brillantes debuts a la dirección de la española Júlia de Paz Solvas y del argentino Juan Pablo Félix colocan al festival en su mejor inauguración en años

La cineasta Júlia de Paz (d), posa con las actrices Tamara Casellas (i) y Leire Marin (c), tras presentar su película.
La cineasta Júlia de Paz (d), posa con las actrices Tamara Casellas (i) y Leire Marin (c), tras presentar su película.Carlos Diaz MartinEFE

Decía Pitágoras, el del muslo de oro, que el principio es la mitad de todo. Y nadie ha nacido en Málaga con ganas de refutarle. Dos óperas primas, dos (o tres) actores y dos maneras no sólo de ver el mundo sino de arañarlo con la mirada. Así arrancó el Festival de Málaga justo después de la pandemia. O casi. ‘Ama‘, de la española Júlia de Paz Solvas, deposita la carga de la prueba en la deslumbrante por arrebatada y sincera Tamara Casellas. Y ‘Karnawal‘, del argentino Juan Pablo Félix, hace otro tanto con el gesto airado del joven Martín López Lacci y con la sabiduría callada del veterano Alfredo Castro. Pocas veces antes el certamen malagueño reinvindicó con tanto sentido y acierto su triple condición de español, iberomericano y pitagórico incluso.

Tras la protocolaria inauguración del jueves de la mano de la voluntariosa y emocionante ‘El cover’, un muy interesante y bailable debú del actor Secun de la Rosa como director, la sección oficial se descolgó un día después con dos ejercicios de cine convencidos de su capacidad para recomponer las piezas siempre inestables de la realidad. Son dos principios dentro del propio principio de un certamen que a su vez no es sino una pieza más en el principio de casi todo en el que estamos instalados por culpa de un virus. Otra vez, un buen principio es la mitad de todo.

Ana‘ cuenta la historia de una madre castigada precisamente por eso tan de madres que es la maternidad. Expulsada a la calle, la protagonista se ve sola y abandonada en compañía de su hija. Así arranca un viaje de descubrimiento de, otra vez, el origen de todos los orígenes. De Paz Solvas se las arregla así para firmar un trabajo que es a la vez investigación y fiebre. Se trata de desmontar cada uno de los lugares comunes que definen el espacio sagrado de la madre, así como concepto, y de volverlo a construir transformado en simple herida. La cámara de esta directora debutante quiere ser tal vez como ese cine-puño que soñara el propio Eisenstein. Es cine que pregunta, que se cuestiona a sí mismo y, sobre todo, que arranca a la la actriz Tamara Casellas una deslumbrante exhibición de rabia, de entrega y de claridad.

El actor Martín López Lacci en una escena de 'Karnawal'.
El actor Martín López Lacci en una escena de ‘Karnawal’.

Las dos mujeres, madre e hija, lucharan por encontrar un lugar en el que vivir o simplemente en el que pasar la noche a salvo. La directora propone una suerte de ‘road-movie’ necesariamente sin rumbo en una ciudad de vacaciones en la que todo el mundo está paso. Y sin rumbo. La película se abandona así ella misma al escenario de un extraño no-lugar donde todo busca volver a definirse. Y eso afecta a la propia naturaleza del género de la cinta, tan cerca del melodrama, como al sentido mismo de ese lazo invisible e indestructible que une a dos personas perdidas. Hay que volver a empezar y todo principio es ya la mitad de todo.

El caso de ‘Karnawal‘ es distinto y, sin embargo, muy cercano al de ‘Ama‘. Juan Pablo Félix relata la historia de Cabra, un adolescente empeñado en convertirse en profesional de malambo, un baile folclórico de gauchos que se diría tan envenenado de vida y de muerte como el propio flamenco. Y así hasta que su padre salga de la cárcel y todo se complique. La familia es, antes que nada, una complicación.

Los actores Alfredo Castro y Martín López Lacci convierten sus respectivas interpretaciones en dos esmeradas exhibiciones de silencio. Importa no tanto lo que se ve o se escucha como todo aquello que la culpa, la vergüenza o el deseo calla. La película se presenta estructurada como un ‘thriller’ y así avanza a través de la noche siempre pendiente de la violencia; sea la evidente de las armas sea la de la furia de un zapateado de malambo. Ahora lo que se analiza y desmonta es eso tan de padres que es la paternidad. El resultado es una película tan arrebatada como serena, tan consciente de su cólera callada como encendida.

Con Pitágoras, los buenos principios son ya la mitad de los todos, de todos los todos.

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