abril 19, 2021

Ácido, crack y canutos con matarratas: la infancia salvaje de Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers

Flea, icónico bajista y fundador de Red Hot Chili Peppers, publica en España su autobiografía, 'Acid for the children', el retrato de una infancia marcada por el maltrato, las drogas, la pasión por la música y su amistad con Anthony Kiedis,...

Miércoles,
10
marzo
2021

01:48

Flea, icónico bajista y fundador de Red Hot Chili Peppers, publica en España su autobiografía, ‘Acid for the children’, el retrato de una infancia marcada por el maltrato, las drogas, la pasión por la música y su amistad con Anthony Kiedis, colíder de la banda

Flea, con su uniforme habitual, durante un concierto en Australia, en...

Flea, con su uniforme habitual, durante un concierto en Australia, en 2002.
GETTY

“No tenía ni idea de cómo sería el futuro, pero sabía que no quería usar zapatos”.

Se encienden los focos. El futuro debe de ser esto porque él aparece descalzo. Rugen miles de personas en cualquier estadio del mundo. Y entonces salta al escenario. Solo. Sin zapatos. En pelotas, de hecho. Con la misma marca de camisetas que Iggy Pop. Sin más abrigo que un calcetín de baloncesto colgando entre las piernas como un condón usado. Pegando brincos de chimpancé. Abrazado a un Fender Jazz del 61. BUM. BAP. BUM. BUM. BA. PUM. Hace muecas de simio y aporrea las cuatro cuerdas con tanta lujuria que uno no sabe si está tocando el bajo o follándoselo.

Un día pensó: «Si yo tocara, me iría a otro jodido mundo. Me movería con la música como un animal salvaje, me dejaría llevar adonde quiera arrastrarme». Así que no dejó de tocar hasta convertirse en uno de los mejores. El segundo mejor bajista de la historia para los lectores de la revista Rolling Stone, sólo por detrás de John Entwistle y por delante de McCartney.

Ese viaje -nunca mejor dicho lo de viaje- es el hilo argumental de Acid for the children, un libro que llega hoy a España (Cúpula) y que narra en primera persona la travesía de un crío vulnerable con cara de angelito nacido en Australia con el nombre de Michael Peter Balzary hasta convertirse en el salvaje Flea, el tipo del calcetín, icono y cofundador de la mítica banda de funk rock Red Hot Chili Peppers. Punto y final del libro.

Justo cuando se encienden los focos y ruge el público, en ese «otro jodido mundo», se acaba el relato. Si están buscando intimidades morbosas de una banda que ha vendido casi 90 millones de discos, lujosas habitaciones de hotel en llamas y peleas entre celebrities, éste no es su libro.

«Estoy lo suficientemente lejos de la infancia como para tener una visión objetiva sobre ella. Es la razón por la que escribo sobre eso en mi libro. Mi niñez ya se acabó. Perola banda no, la banda está sucediendo ahora. Todavía no tengo la distancia suficiente», ha explicado el músico durante la promoción de una autobiografía tan difícil de catalogar como su protagonista.

A lo largo de más de 400 páginas y ciento y pico capítulos, muchos de ellos de apenas un párrafo, Flea dibuja el autorretrato de un canijo niño rubio de Melbourne que con cinco años se mudó a los suburbios de Nueva York, que creció amenazado por la violencia de su padre primero y de su padrastro después, atrapado en una familia algo más que disfuncional, refugiado en los libros y fascinado por la música. Tan ágil que parecía flotar en el aire como una pulga. Tan frágil que se meó en la cama hasta la adolescencia.

El pequeño Mike viajó luego a Los Ángeles encantado con la idea de corretear por California semidesnudo y ya nunca se volvió a vestir. Se pasó 20 años robando sin que jamás lo pillaran. Descubrió el jazz en el sótano del novio de su madre, llegó a ser un virtuoso de la trompeta imitando a Miles Davis y Dizzy Gillespie. Se enamoró después de Jimi Hendrix y de los Beatles y se enganchó a los ganchos de Kareem en los Lakers antes de engancharse a todo lo demás.

A los 12 años se fumó un porro por primera vez. «Aquella sensación como de estar flotando me encantó. Ahí, acostado, viajando, volando, sintiéndome bien y resguardado, disfrutando de las luces y las sombras de mi habitación, pensando de una nueva forma, decidí en aquel momento: ‘Sí, esto es para mí’».

Que haya salido de mis días de drogas sin contraer sida es uno de los puntos más afortunados de mi vida

Luego vino el polvo de ángel. «Es como fumar muerte, sientes cómo se mueren tus neuronas en tiempo real». Y después la cocaína, el ácido, el crack y hasta canutos con veneno para ratas, MDMA y heroína. Elefantes de tres cabezas, tigres enanos y dragones. «Me creía increíble, un artista verdadero. Qué idiota», cuenta en el libro. «Que haya salido de mis días de drogas sin contraer sida es uno de los puntos más afortunados de mi vida».

Que sobreviva hasta hoy su amistad con Anthony Kiedis es otro milagro. Se conocieron con 14 años, asaltaron todos los chalés de Beverly Hills para saltar desde los tejados a la piscina como guiris en Magaluf, se metieron de todo juntos y crearon a medias una de las mejores bandas de música de la historia. «He sido un absoluto imbécil con él millones de veces, y lo amo más que a nadie en el mundo».

Mientras aprendía a mover los dedos con un bajo entre los brazos sin otro plan que volverse «primitivo», Flea se asomó al cine. Hizo cameos en Suburbia, Regreso al futuro o Mi Idaho privado. Probó en varias bandas juveniles y acabó inventando la suya con tres colegas. Después de casi 40 años sobre los escenarios, los Red Hot planean nuevo álbum este año, pero eso ya es otra historia «Desde la primera nota, nuestra banda fue un enorme éxito, tan grande como jamás sería», cuenta Flea. «Podía ver el camino frente a mí, pero Dorothy y Totó, no tenía ni idea de qué conllevaba recorrerlo. No podía ni avistar la dedicación y los sacrificios que implicaría mantenerse ahí. Pero no había duda de que todo estaba allí, lo veía claro como el agua».

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#Sonora #Expresion-Sonora.com Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura

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