abril 19, 2021

8 de marzo: López Obrador y las vallas en Palacio Nacional

El presidente Andrés Manuel López Obrador no conoce varias agendas que son populares sobre todo entre sectores progresistas de clase media. Esas agendas son, por ejemplo, la feminista y la ecologista o ambientalista, entre otras. Eso no quiere decir que el...

El presidente Andrés Manuel López Obrador no conoce varias agendas que son populares sobre todo entre sectores progresistas de clase media. Esas agendas son, por ejemplo, la feminista y la ecologista o ambientalista, entre otras.

Eso no quiere decir que el presidente no tenga ideas de izquierda o progresistas, sólo que esas ideas pertenecen a una izquierda diferente, anterior al auge de los activismos de clase media que han cobrado fuerza durante los últimos años en el mundo y en México.

El presidente es de izquierda cuando denuncia la concentración de la riqueza, por ejemplo, y cuando promueve programas sociales para apoyar a los estudiantes, las personas adultas mayores y las personas con alguna discapacidad.

A algunos les podría parecer que no lo es cuando se enfoca en fortalecer a Pemex y promover la exploración, producción y refinación de petróleo. De izquierda sería que, en cambio, impulsara las energías renovables o limpias, como la eólica o la solar. Los que opinan así no comprenden o dejan de lado el contexto histórico mexicano.

El presidente tiene ideas que podríamos calificar de “cardenistas”. El petróleo y el gas son para él es un componente esencial de la soberanía nacional. En su mente, la dicotomía no es “combustibles fósiles” frente a “energías limpias”, sino “soberanía petrolera” frente a “privatización del petróleo”. Para él, la posición de izquierda es la que defiende la propiedad de la nación en el rubro energético.

Esto se debe a que sus adversarios, al menos en su esquema, no son los que niegan el calentamiento global, sino los que, a sus ojos, han buscado minar la rectoría del Estado y la soberanía nacional sobre el petróleo. Según su discurso, los que así han actuado son “neoporfiristas”, que él califica más frecuentemente de “neoliberales”.

Y, ciertamente, el régimen de Díaz se caracterizó por la dependencia acentuada de los capitales privados extranjeros. Los norteamericanos – y europeos- dominaron durante aquella dictadura industrias como la energética y la extractiva. Hubo crecimiento económico, industrialización y una mejora sustantiva de la infraestructura. Pero el costo fue el dominio de los recursos de país por parte de los capitales foráneos, además de un aumento acelerado de las desigualdades.

Eso es lo que está en la mente del presidente. Para él, ése es el trasfondo, el escenario, el marco en el que se puede hablar de “izquierda” y de “derecha”. Un poco menos clara es su división entre “liberales” y “conservadores”. Para él, “liberal” es más o menos sinónimo de “juarista”. Pero aquí habría que apuntar que fueron precisamente Juárez y el bando liberal de aquella generación decimonónica los que no sólo lograron la separación Iglesia-Estado y defendieron la soberanía frente a las agresiones imperialistas, sino también los que iniciaron la liberalización de la economía, promoviendo el desarrollo del capitalismo. Un ejemplo es la Ley Lerdo, que tenía como fin enajenar los bienes del clero, sobre todo en lo que corresponde a la tierra.

Realmente, en el renglón económico, las políticas económicas de Díaz fueron más una continuación que una ruptura con lo iniciado por los liberales, incluido el propio Juárez. Pero ésos son debates que no pertenecen a lo que se discute cotidianamente en las redes.

Cuando el presidente llama “neoporfiristas” a los “neoliberales” y también los tacha de “conservadores”, lo que quiere decir es que atentan contra la soberanía nacional, que han deteriorado lo público. Han dañado a Pemex y la CFE, pero también al sector salud y al sector educativo. Él tiene su mira puesta en recuperar el terreno perdido en todas esas áreas, contrarrestando los intentos privatizadores.

Por eso ha iniciado una nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco, para fortalecer la industria petrolera. Y por esto también impulsa proyectos como el Tren Maya, porque para él se trata de un resurgimiento de la infraestructura de comunicaciones dirigida y gestionada por el Estado.

¿Qué son para él las “energías limpias”? Le han de parecer algo marginal, que además ha sido explotado sobre todo por la iniciativa privada, mexicana y extranjera.

¿Qué es para él el feminismo? Algo, en su mayor parte, desconocido. No entra en su marco conceptual, desconoce su agenda. No lo niega, ni lo combate, porque ha de suponer que un “liberal” como él, ha de apoyarlo. Pero no puede hacerlo a cabalidad, porque tiene la tara de la ignorancia. La despenalización del aborto no es para él, como para muchas y muchos, una prioridad.

El presidente tiene ideas de izquierda, pero no ha logrado hacer una síntesis con otras ideas igualmente de izquierda que tienen fuerte repercusión en capas importantes y, sobre todo, influyentes en la opinión pública. No es que no sea de izquierda, al menos en algún grado (no radical). Lo que pasa es que su progresismo está atado a dualidades históricas que surgieron en épocas cuando el ecologismo y el feminismo o no habían siquiera aparecido o no eran parte de la discusión política.

Y no es que las causas que persigue el presidente o los parámetros ideológicos que lo determinan estén ya completamente desfasados y carezcan completamente de vigencia. Lo que sucede es que el aquí y el ahora es más amplio que aquellos parámetros.

No hay que entregar la industria petrolera a extranjeros. Hay que rescatarla y aprovecharla, pero, a la vez, hay que dar pasos para sustituirla gradualmente por las nuevas industrias de las energías renovables.

Y hay que luchar por cerrar las brechas económicas y la desigualdad entre los que más tienen y los que menos. Pero, esa lucha ha de ser interseccional, es decir, debe estar articulada con la lucha contra la desigualdad de género y también la que tiene como base motivos étnicos.

El distanciamiento de López Obrador en relación con la clase media no se debe sólo a que el presidente ignora las agendas que en la clase media se han vuelto las principales, sino también porque esa clase media ignora, a su vez, el contexto ideológico del presidente, que tiene bases históricas. Hay una barrera que en parte es generacional, pero también de origen y sector.

Para superar esa distancia, lo que hace falta es una crítica de la ideología de López Obrador, pero también una crítica de los espacios en blanco que tienen las ideologías populares entre los sectores progresistas de la clase media. Hay mucho feminismo y mucho ecologismo, pero también mucha dejadez en temas como los laborales, la lucha de los trabajadores, la pobreza, la desigualdad y la defensa de la soberanía nacional.

Necesitamos unir el feminismo, el ecologismo, la lucha de clases y el fortalecimiento del sector público, frente a los afanes privatizadores de la burguesía nacional y extranjera. El problema es que eso no lo hará el presidente. Y parece que tampoco lo hará la clase media.

Porque hay feminismos y ecologismos con perspectiva de clase. Pero no son los más visibles ni los más exitosos. Y hay también una izquierda con perspectiva de clase que incluye al feminismo y el ecologismo, pero esa izquierda no es la del presidente, sigue siendo muy débil.

El factor que hace falta aquí es la participación de los sectores populares, los trabajadores, los campesinos, los indígenas, los desempleados. Los que permanecen en la sombra de la discusión digital.

#Sonora #Expresion-Sonora.com Tomado de http://Elfaronorte.com/feed

A %d blogueros les gusta esto: